¿Un mundo rural despoblado? Por Julio César Izquierdo de Era Rural Noticias

Amanece el año 2010 con datos sangrantes para nuestra queridas comarcas, territorios y localidades. Algo que conocemos muy bien, por desgracia, en la Meseta Peninsular, aunque no es algo exclusivo...

Claro que, no nos dicen las estadísticas nada nuevo: las capitales crecen algo (o mucho, depende de regiones) y las provincias se desangran. Y lo hacen, faltaría más, de forma figurada sobre el papel y de manera tangible cuando nos lanzamos a recorrer los pueblos de uno en uno. Es decir, que perdemos habitantes rurales a pasos agigantados y nadie conoce la razón a ciencia cierta o, realmente sí se sabe pero no se mueve ficha para remediarlo.

Es evidente, faltaría más, que al personal no se le puede obligar a vivir donde no quiere, aunque no es menos cierto que todos, absolutamente todos, pagaremos un alto precio social, moral e histórico ante tal debacle demográfica. Llegará un día, si continúa la tendencia, que no quede nadie morando en el terruño y, entonces, alguien hablará de lo que se pudo hacer, de las medidas que se pudieron tomar para evitarlo, de las políticas que debieron emprenderse. Porque yo, particularmente, no veo que se esté haciendo nada y, la verdad, es que muchos responsables políticos están deseando que los municipios pequeños se vayan a tomar por el saco para dejar de invertir en los mismos. Y ya sabemos que resulta caro mantener el ámbito rural. Ya nos conocemos los sermones y las peroratas y las promesas y las inversiones, que llegan a cuentagotas. Atrévanse a tomar medidas serias, contundentes. Hagan una apuesta decidida por los pueblos, municipios y villas. Que somos conscientes de que  no se podrán salvar todos, pero es que vemos que, hasta los que tenían alguna posibilidad, empiezan a tirar la toalla.

Los pueblos, señores, tienen que estabilizar su sangría poblacional. Deben de tener un mínimo de habitantes todo el año. De lo contrario no estarán ahí los fines de semanas, ni en los veranos, ni en las fiestas. Escuchen también a sus habitantes, vayan a verlos con más frecuencia y tomen nota de alguna de sus ideas.

Permitir que los pueblos suenen a silencio contenido tendrá consecuencia nefastas en aspectos tan vitales como el medio ambiente, la cultura popular, el lenguaje, el patrimonio, la gastronomía, la agricultura o la ganadería, por citar alguno de los cientos de ejemplos.

Nos despoblamos. Todos tenemos parte de culpa. Unos más que otros.

 

 

:: Entrevista: José Andrés García Moro. Presidente de Princal
:: Entrevista: Petra García. Presidenta de Araduey
:: Entrevista: Javier Pérez de Andrés. Periodista
:: Entrevista: Jerónimo Aguado Martínez, coordinador técnico del proyecto “Universidad Rural Paulo Freire”
:: Entrevista: Julio López, responsable de la Secretaría de Política Económica del PSOE-CYL


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