adisac

 



Una buena cosecha ¿para quién?, por José María Ruiz Ortega

            Las modernas cosechadoras están convirtiendo la mies en rastrojo lleno de restos de cosecha que no tiene precio. Pasado el día diez de este mes, una fecha que pone tope a los agricultores de secano que se acogen a los beneficios por extensificación de fauna y flora para la protección de la biodiversidad, la recolección de la cebada es un hecho tan rápido como que en pocos días, la comarca de Campos y Cerrato finaliza la recolección. En términos generales, la cosecha de cebada en las tierras de secano de nuestra provincia se puede considerar media alta. De las previsiones que se han publicado a finales del mes pasado la realidad difiere algo a la baja, cuando los resultados obtenidos son un hecho incuestionable y la media por hectárea no se corresponde con lo esperado. Evidentemente existe una gran desigualdad entre comarcas, calidad de la tierra de los distintos términos municipales y tiempo de siembra, que ha propiciado una mayor o menor densidad de plantas por hectárea; así como las diferencias lógicas entre distintas variedades de cebada, abonados, cultivo anterior en las parcelas, etc.
            De las producciones por hectárea es difícil saber exactamente la verdad de la cosecha ya que se tiende a exagerar a la hora del comentario en el bar o la tertulia en la solana. El agricultor que por cualquier circunstancia no ha logrado una gran cosecha, durante el almuerzo en la bodega con los amigos no va a reconocer sus fallos y, cuando se cita una cifra en los mentideros del pueblo, no se puede bajar mucho de la media ponderadísima en los datos de estimación de cosecha. En los inicios de la campaña de recolección en los últimos días del mes de junio, a un agricultor de Campos que se dedica a la siega para otros, le preguntaron con insistencia cuáles eran los rendimientos por hectárea. Para tener una idea  de la cosecha decían: -tú que tienes cosechadora, ¿a cómo sale? Y éste contestó: -a tubo lleno, a tubo lleno. Ésta es una anécdota que viene a significar lo bueno y lo malo de una nueva cosecha agrícola marcada por una campaña pasada de precios inciertos en los cereales y tremendas subidas en los costes de producción. Cuando el agricultor cerealista de los secanos tradicionales haga las cuentas de gastos e ingresos, se va a plantear el dilema de sembrar o no sembrar, de alternar barbechos o leguminosas grano, puesto que las forrajeras también tendrán problemas.
Efectivamente no es mala esta cosecha y eso va a propiciar una euforia de gasto e inversión en mejoras de las explotaciones, compra de maquinaria y bienes de equipo, ya que la moderna agricultura exige estar al día, no sólo en la maquinaria pesada sino también en activos tangibles que son imprescindibles en una empresa agraria. Por eso no me atrevo a cuantificar qué es una buena cosecha y quién se va a llevar lo que se considera una cosecha excelente. Para la próxima sementera los gastos de producción van a alcanzar un techo, traducido en cosecha esperada, superiores a 2.500 kilos de cebada. Contando con unos precios medios en torno a los 200 euros la tonelada, más o menos; un precio que ya cuenta con el acuerdo de los operadores de mercado y de momento, sólo van a tolerar una oscilación de céntimos arriba o abajo.
Económicamente una situación de quiebra técnica en muchas explotaciones, solamente paliada por el espíritu de sacrificio del agricultor y la previsión de ahorro que siempre ha caracterizado al sector agrario que no gasta un euro hasta que tiene otro. Las previsiones de un aumento del gasto son evidentes por muchas causas. Como por ejemplo, el alto  precio del acero va traer como consecuencia un aumento en el coste de la maquinaria agrícola; desde el inicio del año, se ha doblado el precio de los metales y la demanda de China sigue al alza por lo menos hasta 2010 o 2012.

 

pdfVersión en pdf
 

 

 


Aviso de Privacidad
© Tres Turismo y Comunicación