En este tiempo de verano, a punto de entrar en la canícula, hay que recordar uno de los refranes tradicionales que aseguran días calurosos. Se dice que De Virgen a Virgen el calor aprieta firme. Es decir, de la Virgen del Carmen el 16 de julio, hasta 15 de agosto Nuestra Señora de la Asunción. En la agricultura tradicional del pasado siglo era una costumbre muy extendida citar las fechas del año por día del santoral y así se acuñaban dichos relacionados con las labores del campo y aconsejaban la mejor oportunidad de arar, sembrar o recolectar. En la actualidad no es que fallen los refranes, es que se trabaja de distinta manera en el campo. El agricultor no necesita el calor y bochorno para trillar en la era, ni el viento para beldar, pero sigue necesitando que la meteorología sea favorable en muchas de las labores campesinas. Hoy los veranos no tienen nada que ver con las faenas de la recolección de antaño, las labores de la cosecha se realizan en tiempo récord y los pueblos se llenan de veraneantes, de fiestas y celebraciones en torno a las bodegas, o las peñas de meriendas en comandita.
En pleno verano de recogida de cosechas, en los mentideros agro-comerciales se nota la ausencia de recetas para paliar la crisis que puede suponer una subida de precios de los alimentos, aunque continúen bajos en origen. Pero con estas calimas veraniegas cualquier noticia queda anestesiada por las vacaciones. Como dice una vieja canción, “cuando llegue septiembre”, ya que en verano todo se aplaza como si el tiempo fuera capaz de arreglar una crisis que puede dar un vuelco completo a la actividad agraria. Entre recogida de grano y viaje de la cosechadora al almacén, bueno es ir echando la cuenta de la campaña, ya que en la agricultura, ahora, se recogen los ingresos para todo un año.
El cultivo de la remolacha se lo han cargado en nuestra provincia sin ninguna contraprestación y mucho me temo que el nuevo casi monopolio azucarero va a huir de Castilla y León. Las noticias de una super-factoría refinadora de azúcar en Jerez tienen toda la pinta de un negocio de cercanía a puerto con facilidad de fletes para importación y exportación de un producto, como el azúcar, que puede incrementar su precio si entra en el proceso de elaboración de biocarburantes. Con la euforia de una buena cosecha cerealista estamos escondiendo en el desván los fieros cuernos de una quiebra del sector agrario. Nos quedamos con pocas alternativas de cultivo.
La ganadería está perdiendo activos y en este tiempo de aprovechamiento de pastos norteños, nadie se arriesga a invertir en ceba de terneros. Mi amigo Pipe, el de Valberzoso, dice que hay que aventurarse y está cebando ganado en los pastos del Pical con la esperanza puesta en la subida del precio del vacuno. Una carne de una calidad inigualable, seguramente poco reconocida la aptitud de estos novillos que gozan de los vientos montañeses pastando en libertad. Si seguimos repasando sectores del campo, ni el vacuno ni el ovino despegan de la crisis. Que conste que estas reflexiones no son producto de la calima o del cambio climático que es lo correcto en este momento, sino que surgen de la inquietud de los hombres y mujeres del campo que están malvendiendo el ganado, tras haber realizado grandes inversiones.
La ventaja del verano es que los políticos se van de vacaciones y dejan de marearnos con diatribas innecesarias. Nos están metiendo en un nuevo ciclo para cambiar el modelo de sociedad, no importa que el sector primario esté pasando una tremenda crisis. Lo importante no es la economía, ni el consumo, ni la necesidad de una ley de comercio con doble etiquetado, lo que prima para olvidar estas cuestiones es hablar de eutanasia, laicismo o de aborto. Sin embargo, aquí no hay política agraria, sólo cambio climático, no se toman medidas para contrarrestar el chequeo médico de la PAC y el precio de los gastos de producción se acerca a la cosecha obtenida.
|