En los espesos bosques del este de Sajonia están potenciando una nueva fórmula de pernoctación rural. Original, genuina y barata. Y no es coña, es cierta como la vida misma, aunque la idea se la quieren adjudicar por igual suizos, austriacos y germanos. Se trata de los “Heuhotels”, o lo que es lo mismo, hoteles-heno. Sí, como lo oyen. El personal alemán, que tiene tanta crisis como nosotros o más, no anda muy por la labor de gastar euros a tontas y locas. Además, para dormir cualquier sitio es bueno. Al menos en principio. Y como unos están al santo y otros a la devoción, han proliferado iniciativas como la que estamos comentando, básicamente por Baviera, que están sabiendo aprovechar todos sus recursos rurales y naturales, principalmente el forraje. Basta con adecentar viejos pajares y casas agrícolas, habilitar unas duchas y aseos en inmueble aledaño, contar con un pequeño salón para desayunos y ya está. ¿Y cómo se duerme? Pues muy sencillo, en el pajar extienden el heno fresco y seco y el cliente solo tiene que tirar su saco y a soñar con los angelitos. Y si no tienes saco te lo alquilan por tres euros. Pasar la noche con desayuno incluido tiene un precio de 9,9 euros. Más barato y económico imposible, salvo que seas un aventurero y quieras planchar la oreja por tu cuenta tirado por algún prado. Claro que corres el riesgo de recibir el lametazo de una vaca o llevarte el susto de tu vida.
Ya ven: ante la inflación galopante nada de quedarse en casa. Se puede salir de viaje y de aventura. Disfrutar de la naturaleza, hablar con los paisanos, hacer amistades y pasar veladas inolvidables a la luz de la linterna. No me digan que no tiene su encanto y su romanticismo.
Por otra parte, y visto lo visto, tendremos que copiar la idea y poner en valor muchos de los habitáculos que tenemos por nuestros pueblos. ¿Qué hacer con las casetas de labranza en las eras? ¿Qué uso dar a los añejos gallineros sin uso? ¿Y qué me dicen de las paneras? De las de antes, digo, porque ahora el grano o se lleva al almacenista o se cuenta con buenas y modernas naves. Sitios idóneos para extender la paja, incluso la alfalfa o todo aquello que tengamos a mano. ¿Funcionaría la fórmula por nuestros pagos? Vaya usted a saber. Porque suena a chiste, pero los vecinos europeos ya le sacan rendimiento. Nada, nada, hay que potenciarlo. Pues si ya tenemos hostales, hoteles, casas rurales y albergues, sumemos ahora los hoteles-pajares. Inversión mínima, precios asequibles y nuevos turistas a incorporar al terruño. Alguno se estará riendo – que algo de guasa tiene la cosa- pero ya verán como el invento se exporta y los urbanitas se lanzan con su cuerpo serrano sobre nuestros maraños. Será un contacto directo con la madre naturaleza. Una experiencia casi religiosa y en más de un caso puede que alguno encuentre hasta la aguja. Lo digo por sacar un poco de punta al asunto. Tiempo al tiempo y recuerden: aquí también tendremos pajares reconvertidos en hoteles. Y si se saca dinero, pues bienvenidos sean al mundo agrario, aunque sea para caer en los brazos de Morfeo y tirar millas al amanecer. |