En el campo, en los pueblos y aldeas de nuestra provincia, el mes de agosto se ha llenado de celebraciones, con cualquier motivo o sin él se organizan festivales, conmemoraciones, festejos y se acompañan de paellas, pancetas, calderetas, o cualquier otro motivo gastronómico más o menos tradicional. Los pueblos están mucho más animados, se llenan de turistas ocasionales y de familias que vienen a pasar el verano al pueblo; en las calles y plazas se aprecian el bullicio alegre y dinámico de grupos de niños y jóvenes, propios y adoptados temporalmente. Es tiempo de estar en la calle y de celebrar juntos la ocasión de disfrutar del buen tiempo, estudiantes de vacaciones y amigos que en el resto del año trabajan fuera del lugar, ahora regresan a participar en un verano que recuerdan otros tiempos de trabajos y fatigas en la era o en rastrojo.
Pero el epicentro festivo del mes de agosto en el ámbito rural, es sin duda la Virgen y San Roque. Dos festividades muy arraigadas en la mayoría de los pueblos de nuestra provincia y en casi toda España. Muchas parroquias están bajo la titularidad de nuestra Señora de la Asunción, o cualquier otra advocación mariana local. Una fiesta tan arraigada en el pueblo -a pesar de ser un dogma reciente en la historia de la Iglesia, proclamado por Pío XII en el año 1950- que no hay más que ver las imágenes y pinturas de muchos siglos antes, para darse cuenta del calado de esta fiesta mariana. Es decir, los católicos ya habían asumido este misterio como demuestran las pinturas e imágenes de la Asunción de María: Koerbeck en el museo Thyssen, un óleo sobre tabla fechado en 1457; el gran retablo renacentista de Ticiano en Venecia; en el museo del Prado el cuadro de Mateo Cerezo en 1663; o en Elche la fiesta o misterio desde el siglo XIII.
Cuentan las crónicas rurales de estas fiestas de la Virgen y San Roque que durante la segunda república, al fijar un municipio las fiestas locales, elevaron a la autoridad competente provincial las fiestas de la Virgen y San Roque. Muy enfadado el político correspondiente les recriminó que las fiestas fueran el 15 y el 16 de agosto ya que estaban en un estado laico. Los comisionados locales replicaron al gobernador que en el pueblo se celebraba la Virgen y San Roque o dimitía el alcalde y toda la corporación. De nada valieron las razones del político de turno que quería poner unas fechas y los del pueblo, erre que erre, con la Virgen y San Roque. Hoy en la danza popular bailan la coplilla, con la dulzaina y el tambor: “Por decir viva San Roque, me metieron prisionero, ahora que estoy en prisiones, viva San Roque y el perro”. A danzar, para no perder las tradiciones de la diversidad cultural rural.
Y es que no me cansaré de repetir que en el campo, en la agricultura y en el medio rural en general, las fechas tenían un nombre con recordatorios del santoral en dichos o refranes, como por ejemplo: es bueno alzar en Adviento; otoñada buena, por San Bartolomé la lluvia primera; aguas por San Mateo, puercas vendimias y gordos borregos. Y ya que han terminado los agricultores de cosechar, recoger el grano y la paja, podemos hacer un ejercicio turístico-cultural, de manera real o virtual –así reivindicamos internet rápido para los pueblos- en un recorrido por la geografía provincial y poder admirar que en la mayoría de los pueblos existe alguna ermita o iglesia con imagen, retablo o cuadro de la Asunción de María y de San Roque.
Todos a disfrutar de los festejos, reconvertidos en agosteros o en turistas ocasionales, ahora con una nueva acepción del vocablo agostero de la joven pluma de nuestro compañero Rivas, con la alegría festiva del momento y todo un año de crisis por delante, sin perder la ilusión de ese nuevo ciclo vegetativo de año agrícola; y es que entre San Roque y la Virgen nos espera un santoral de celebraciones. |