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Con los muebles en la calle por José María Ruiz Ortega

              Puede que sea exagerada la expresión de quedarnos con los muebles en la calle cuando nos referimos a la profunda crisis que atraviesa el sector ganadero. El campo está en una encrucijada peligrosa, en la que al sector agrario le está salvando la bonanza de dos buenas cosechas de cereales. Es necesario aclarar lo de buenas cosechas dentro de una media provincial y con carácter general, sin entrar en las particularidades de cada explotación y sus circunstancias en las que puede considerarse cualquier catástrofe meteorológica o en forma de plaga en el cultivo, obviando las pérdidas por los topillos, de cuyas ayudas nunca más se supo. Estamos, por tanto, en un momento en el que el campo produce alimentos de calidad y a bajos precios, de una calidad con garantías de higiene y sanidad totalmente certificadas. Sin embargo, muchos ganaderos están a punto de que les saquen los muebles a la calle por los bajos precios que perciben de la industria transformadora; y no se entiende que el consumidor tenga que pagar unos precios cada día más elevados por un producto que casi no necesita manufactura.
            La quiebra de Lehman Brothers va a repercutir en el sistema financiero español y lógicamente el sector agrario va a ver recortadas las posibilidades de créditos, no sólo en el capítulo de inversiones en modernización de explotaciones, sino también en la tramitación de las ayudas a la ganadería en forma de créditos bancarios. Este gigante de la banca estadounidense puede parecernos muy lejano y por motivos que no son equiparables a los de nuestro pequeño entorno. Pero una banca que ha superado muchas crisis financieras, desde que hace 150 años los hermanos Lehman abrieran una tienda de ultramarinos en Alabama, nos puede contagiar y arrastrar un histórico crack a pesar de la distancia de una banca que comenzó traficando con productos del campo. Aquí, en nuestra pequeña economía comercial agroalimentaria, nos ha pillado con el paso cambiado, porque una cosa es el mercado libre y otra la especulación.
            En el comercio de la agroalimentación ha desaparecido la manufactura artesanal, no se ha protegido y ha caído en manos de la especulación; ahora nos damos cuenta de la necesidad de preservar una calidad de alimentos con garantía, de igual forma como se salvaguardan humedales o espacios para las aves con medidas agroambientales. El ejemplo más claro está en la leche que se vende en brick sin información real de la procedencia de la leche. En la mayoría de los casos puede ser leche reconstruida a partir de leche de vaca deshidratada para abaratar el transporte desde otros países de Europa; luego se le añade agua y se envasa sin información al respecto. Lo que puede ver el consumidor es una información nutricional: materia grasa, proteínas, etc. Pero ocurre que en ese proceso de manipulación el producto, la leche de vaca, sufre alteraciones que afectan a algunas personas sensibles a cualquier encima de esa supuesta leche envasada en brick. Este caso está resuelto en los zumos donde nos informan cuando el producto envasado procede de concentrados o de frutas exprimidas.

Hasta ahora solamente se ha intervenido en la tenada, en la ordeñadora, en el bienestar animal y en los análisis a la salida del tanque de frío del ganadero. Una cuestión, la de la vigilancia higiénica sanitaria, en la que estamos todos de acuerdo ganaderos y consumidores. Luego viene la especulación e introducen toneladas de leche de otros países que no es leche fresca y arruinamos a los ganaderos por una competencia desleal. No hemos sabido proteger la leche fresca, de calidad, la que hemos consumido hace años, ahora es más cómodo comprar leche para un mes. Arruinamos al ganadero, le obligamos a cerrar la tenada, malvender el ganado y luego solamente tendremos productos exóticos sin garantía de seguridad alimentaria. Esto si que es de mala leche.    
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