En este momento en que el campo atraviesa una difícil situación, da la impresión de un retorno hacia la dedicación del sector agrario al valor de la productividad como una necesidad de alimentar a la humanidad. Tras unos años de una política agraria europea de primar abandonos de la producción, establecer cuotas, subvencionar primas y dejar de generar alimentos, ahora se dan cuenta de la necesidad de mantener la producción agraria por muchas y variadas razones. Una vocación a la que no ha renunciado el profesional del campo a pesar de las vicisitudes que ha tenido que superar para adaptar su explotación a las nuevas tecnologías y a la presión burocrática de la PAC. Precisamente, han concurrido diversos factores para que en poco tiempo hayamos pasado de tener unas reservas de cereales casi con excedentes, a encontrarnos de improviso con una situación de alarma por escasez. Dos años de pésimas cosechas en los principales países productores y una mayor demanda de cereales por parte de China e India hicieron saltar las alarmas en Europa y el mercado de la cebada se movió hacia una extraña psicosis de precios que revolucionó el mercado en la pasada campaña.
Las circunstancias han cambiado en la actual campaña de comercialización, una buena cosecha ha propiciado una superior oferta y los precios mantienen un valor por debajo de lo que puede representar según vaya avanzando este otoño recién estrenado. El agricultor sabe que tiene que adaptarse a las demandas del comercio y las cooperativas pueden jugar un importante papel en la regulación del mercado. A punto de iniciarse una nueva sementera, la preocupación está en los costes de producción por el elevado precio de los fertilizantes y todos los elementos a soportar para poner las semillas en el surco con unas condiciones adecuadas para fructificar en una nueva cosecha. El agricultor y el ganadero tienen que seguir produciendo alimentos, pero necesita un margen de beneficio para soportar las inversiones de modernización y mecanización. Los habitantes de este planeta tienen que comer y el campo es la fuente de alimentación en ese ciclo vital de vegetales y animales de abasto.
De nuevo existe un resquicio para volver a encontrar esa necesidad de seguir con la productividad de cereales. No hay duda de que para mantener los habitantes en el medio rural es decisiva la población agraria. Nuestro medio rural, a diferencia de las de otras regiones u otros lugares de la UE, es fundamentalmente agrícola y ganadero, y cuando existen problemas en la actividad agropecuaria se reflejan en el abandono del medio rural, con una pérdida de activos agrarios que no se renuevan con la incorporación de jóvenes agricultores. Es decir, si mantenemos una actividad agraria con rentabilidad y unos servicios medianamente atractivos, la población busca asentamientos en núcleos bien comunicados y con posibilidades de empleo femenino, una cuestión decisiva para asentar residentes en el campo.
Desde la Junta de Castilla y León se anuncian ayudas a las cooperativas dentro de un plan integral de desarrollo agrario. El campo necesita recuperar el valor añadido de sus productos y poner en marcha políticas a programas de modernización y apoyo. Hay que destacar que la agroindustria emplea a 13.000 personas que virtualmente pueden convertirse en habitantes del medio rural; las cooperativas tiene que jugar un papel fundamental, si cuentan con apoyos de las administraciones públicas. La PAC tiene que tener la virtud de devolver la confianza al sector agrario, dignificando la actividad con la rentabilidad de las explotaciones, implantando una política que permita a los profesionales del sector actuar con plena libertad. Producir para los mercados y seguir manteniendo la actividad agraria es determinante de cara al futuro rural.
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