En las explotaciones ganaderas y ahora en las agrícolas, el vocablo más repetido en los últimos tiempos es el de crisis que amenaza con la desaparición de explotaciones. Se habla de crisis financiera, cierres de empresas y, lo peor, del fantasma del desempleo. Hace un año, la subida del cereal provocó un aumento del 40 por 100 del precio del pienso para la ganadería y los productos agroalimentarios mantuvieron unos precios bajos. Baste recordar las tremendas importaciones de lechazos vivos que llegaron a nuestros mataderos procedentes de Francia, logrando mantener un nivel de precios en el lechazo más bien bajo. Con piensos caros los ganaderos percibieron bajos precios por la carne. Tremenda paradoja, donde la crisis pierde su verdadero significado; no es la crisis económica tan escuchada, sino una autentica situación de especuladores que aprovechan cualquier situación difícil para seguir ganando dinero fácil.
En la solana, un agricultor y un ganadero comentaban la situación tan extraña de estos tiempos en el sector del campo. El ganadero, un experto vaquero con una vocación láctea a sus espaldas de más de 40 años ordeñando vacas, decía: -¿Qué hemos hecho mal? Nosotros hemos cumplido con todas las reformas sanitarias, hemos modernizado las cuadras y los de ovino han hecho lo mismo; hemos conseguido aumentar la densidad de las explotaciones y por tanto la producción. Ahora no quieren la leche o los lechazos, aunque seamos competitivos no podemos luchar con precios bajos para nuestros productos y tenemos que soportar piensos caros. El agricultor opina que la subida el pasado año en el precio del cereal no fue más que otra crisis de especuladores comprando opciones ante la sospecha de una escasez de materias primas.
-No te molestes, apuntaba el ganadero, los campesinos estamos en la lista negra desde hace tiempo. No, no nos hagamos ilusiones, el sector agrario no tiene futuro si seguimos este camino. A los gobiernos les resulta más barato importar alimentos desde Sudamérica y África. El agricultor decía: -Llevo 45 años en el sector agrario y he conocido muchos años malos e infinidad de alternativas, pero la burocracia inútil de ahora mismo solo se supera esperando un años más. Además, en este país siempre se ha considerado a los habitantes del medio rural como un conjunto de palurdos e incultos. -No lo dudes, dice el ganadero, si estuviera en mis manos acababa con tanta corrupción en cuotas, derechos y zarandajas, el que quiera alimentos de calidad que los pague. Déjalo hombre, dijo el agricultor, no te calientes la cabeza, que esta crisis puede cambiar y somos el sector con más aguante. ¿Vienes?, me voy a echar un vaso.
Aunque no lo crean, los responsables de Agricultura –el MARM- se han reunido en varias ocasiones con representantes de todos los sectores ganaderos –vacuno, ovino, caprino, porcino, aves- y en todos los encuentros, independientemente de repasar la situación que atraviesa cada uno de ellos, el denominador común unánime ha sido el elevado precio de los piensos a pesar de la fuerte caída que han experimentado las cotizaciones de los cereales en los últimos meses. La situación actual es un tanto paradójica, el cereal ha bajado una media alrededor del 30–40 por 100, en cambio el precio del pienso sigue siendo un 40 por 100 más caro. Una cuestión que no se entiende, una paradoja más de lo que ocurre en el sector agrario, teniendo en cuenta que la mayor parte de los componentes del pienso, para alimentar a la cabaña ganadera, son cereales. Entre tanto, en el proyecto de ley de presupuestos no garantiza el compromiso del gobierno de mantener el mismo nivel inversor del sector público, al reducir un 46 por 100 los fondos destinados a desarrollo rural. Muchos se temen que de nuevo metan la mano en el bolsillo de los profesionales del campo para paliar el déficit. |