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La luna de octubre por José María Ruiz Ortega

            Finaliza octubre con luna nueva, precisamente la tan pregonada en refranes y sentencias, la luna de octubre que siete lunas cubre. Un cambio lunar que ha llegado en los últimos días del mes y va a ocupar gran parte del mes de  noviembre. Sabemos de sobra que este pronóstico tiene mucho más de leyenda y tradición que de realidad meteorológica. Asegura la antigua conseja, que si llueve en la luna de octubre, lloverá durante las siguientes siete lunas; una observación estadística que no tiene ninguna base científica, ya que la luna no ejerce ninguna predisposición sobre las borrascas y los anticiclones. Está demostrada la influencia de la luna sobre las mareas, por la diferencia de masa o atracción del sol y la luna sobre la superficie de la Tierra. Además existen fórmulas para calcular la intensidad, horario y lugares de pleamar y bajamar. Pero, desde luego, la luna no es determinante para que llueva o escampe y menos para que se repita los siguientes meses. Muchas canciones y muchos intérpretes, aseguran que la luna de octubre es la más bella, pero los trovadores se refieren a la luna llena, no a las fases lunares que comienzan –con la luna nueva- en el mes de octubre.

            La luna, desde los tiempos más remotos, siempre ha fascinado a los humanos que han buscado más allá del hecho astronómico unas justificaciones mitológicas, creencias religiosas y culturales. Esa propiedad de ir renovando en distintas fases su proyección del reflejo solar sobre el planeta como satélite acompañante, es como un calendario mensual de luces y sombras nocturnas. La iluminación de la noche, en la fase de luna llena, con distintos tonos de luz, ayuda a pensar en algo espectral que cambia la manera de observar los entornos y relacionarnos con nuestro medio. Las sombras y los brillos de luz, junto con los colores en el conjunto del paisaje, forman un sincretismo de difícil asimilación; la luz lunar roba el color de aquello que ilumina.

A mediados de este mes, durante el plenilunio, hemos tenido noches sin nubes en las que ha habido una claridad extraordinaria; unas noches de buenas temperaturas para salir al campo y con la luz de la luna llena evitar las luces eléctricas. En esa situación, cuando los ojos logran la máxima adaptación a la oscuridad, miramos el verdor del césped y vamos observando como el color de la hierba verde aparece a nuestra vista de color azul. Una rosa roja, a la luz de la luna, tiene un brillo encendido, incluso proyecta su sombra en el paisaje, pero el rojo no se ve, ha sido sustituido por matices de color gris. Esa fusión de luces, sombras y silencios, poniendo matices misteriosos a la luz del plenilunio hace de Selene una diosa de la noche, del mismo modo que el rey Sol renueva la vida con los primeros rayos de la mañana.

No es de extrañar que muchos refranes tengan presente la Luna para pronosticar el tiempo; tanto labradores como marineros en las observaciones del cielo encuentran rimas a dichos como: “Truenos con luna nueva, prepararse a que llueva”. Líricos, poetas, trovadores y hasta en las canciones infantiles está presente la luna como algo que forma parte de nuestra vida. No digamos la utilización de la luna en relación con los enamorados, hasta se habla de luna de miel, al tiempo de recién casados. Así que no sé si esta nueva luna de octubre, en el comportamiento meteorológico va a repetirse durante las siete lunas siguientes; entre otras cosas porque está por ver el tiempo que nos traerá esta luna de octubre que acaba de iniciarse. Mañana, aún con la influencia de esta luna de octubre, comienza el mes de noviembre y dice el refrán que de todos los Santos a Navidad, o bien llover o bien helar. En el campo es tiempo de labores de siembra en los secamos, y es que ya en este mes de otoño las temperaturas y las horas de luz bajan, en progresión hacia un tiempo más invernal.

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