Desde siempre existe una gran vinculación entre la Navidad y el medio rural, fundamentalmente expresada en el cuidado del ganado ovino, en el pastoreo. No hay Belén sin ovejas y sin pastores, sin oficios y tradiciones rurales personalizadas en tiempo pasado. En muchos pueblos de nuestra provincia aún se conservan tradiciones de representaciones con motivos de la Navidad, donde no falta la presencia de pastores que actúan de comunicadores sociales. Si tuviéramos que personalizar un Belén con figuras que representen la actualidad de la ganadería, de la agricultura, de los diversos oficios artesanos que forman ese conjunto del mundo rural, la sorpresa sería mayúscula al compararla con esas tradiciones belenísticas; posiblemente el Belén actualizado habría perdido todo el encanto.
Es posible que el Niño Jesús no reconociera a los pastores, solamente unos pocos ganaderos buscando el mejor precio de los piensos para alimentar a sus ovejas y más pendientes del cobro de la leche que de la llegada del Mesías.
Estamos en tiempo navideño y no es momento de reivindicaciones, aunque están en la mente de los hombres y mujeres del medio rural, donde sus profesiones pierden fuerza en el conjunto de la sociedad. Ganaderos de ovino y de vacuno, sobre los que en este momento se ha cebado la crisis, están aguantando con valentía a la espera de tiempos mejores.
Según la oficina estadística de la Comisión europea, las estimaciones oficiales consideran que la renta del trabajador del campo ha descendido un 4,3 por ciento, en el conjunto de los 27 países miembros. También, en este año que finaliza, ha disminuido el número de activos agrarios en un 2,1 por ciento, en el conjunto de la UE; en España, siempre con datos referidos al 2008 respecto al año anterior, el número de ocupados en el campo ha descendido un 3,4 por ciento.
Todavía Castilla y León encontramos ovejas, ya que aquí aún conservamos el liderazgo respecto a otras comunidades autónomas, en cuanto al mayor número de cabezas de ovino (3,9 millones); sin embargo el número de explotaciones se ha caído en torno al 3,3 por ciento.
No es de extrañar ya que el beneficio de las explotaciones, tanto en producción vegetal como animal, han perdido ingresos en un 4,7 y un 3,1 por ciento respectivamente, en parte por el alto precio de los fertilizantes (+68,2 %), energía y lubricantes (+23,4 %) y en el caso de la ganadería, por la subida en los precios de los piensos en un 17,3 %. Ovejas nos quedan, los que tienen una buena tenada, además de una buena familia para atender el ganado y poder disponer de ratos o días de vacación, pueden tener futuro. Los que tienen explotaciones de ovino y necesitan mano de obra asalariada, tienen más dificultades que una empresa familiar.
Sea como fuere, cada día quedan menos pastores en el campo, se hace difícil encontrar el pastor con cachava guardián del rebaño, con el insustituible perro, el zurrón, la manta a cuadros y el transistor para matar el silencio. Una figura que destacaba como elemento único de verticalidad, plantado sobre la monotonía horizontal de las llanuras terracampinas, formando parte de un paisaje entre rastrojeras y barbechos; ahora falta algo en el campo, se ha borrado parte de la panorámica rural.
En nuestro particular Belén de esta Agro-Navidad, se nos ha caído el pastor del chozo, nos falta el grupo de la majada y en el fondo del valle, al remanso de una cueva la hoguera se extingue, por falta lumbre. Que nadie nos robe las figuras de este Nacimiento imaginativo, queremos que haya ovejas, pastores y zagales. Y en la vega, el hortelano y el leñador acarreando su preciado haz. Es necesario que nadie falte esta Agro-Navidad, intencionadamente anacrónica. En el Portal ya tenemos la Nueva Luz, ya nos alumbra el camino hacia el 2009.
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