Cuando comienza un nuevo año, con mayor o menor énfasis, repasamos en nuestra mente o comentamos con las personas más cercanas a nosotros una serie de proyectos y deseos. Es muy común que hayamos deseado a alguien, como felicitación de Navidad y Año Nuevo, aquello de que se realicen tus mejores deseos. Aunque hay que diferenciar entre deseos y proyectos, que pueden ser proyectos deseados o deseos de llevar a buen término nuestros proyectos. En este 2009 que iniciamos, último de la primera década del siglo XXI, sin darnos cuenta buscamos unos deseos que van desde lo más cercano y poco importante, hasta ansiar unas metas que difícilmente lleguemos a conseguir. Un deseo es la consecuencia final de la emoción, inducida en origen por la variación del medio. Por tanto, la cadena causa-efecto que corresponde a un deseo es sin duda la emoción a cualquier sentimiento. Claro que en este contexto hay para todos los gustos, unos planifican la vida, mientras que otros la viven al ritmo que les marca el deseo. Sin embargo, un proyecto es un designio o pensamiento a ejecutar. Esto requiere tener una idea, luego hacer un diseño para llegar a la ejecución y poder evaluarlo.
En el aspecto socioeconómico, dejamos atrás un año en el que parece que se nos han caído los palos del sombrajo y, si somos sinceros no tenemos proyectos y sí muchos deseos, algunos más perversos contra el propio sistema, o mejor dicho, contra los que se aprovechan de una sociedad avariciosa y consumista. Puede que estemos a punto de iniciar una era de nuevas ideas en la organización sociopolítica, en una sociedad que necesita un chequeo revisionista tras ponerse en evidencia este sistema neocapitalista. Hay quien asegura que estas crisis son cíclicas, un concepto que proviene de las teorías de Karl Marx quien sostenía que aproximadamente cada ocho años y medio el sistema capitalista sufre una crisis económica. La duración depende de la situación de cada país y circunstancia sectorial con que se haya iniciado, pero no hay que olvidar que la propia economía capitalista se desenvuelve necesariamente en ciclos que alternan la prosperidad, crisis, recesión y reactivación.
La sociedad rural, en la agricultura tradicional de secanos, ha estado siempre muy habituada a las crisis; algunas de las cuales se pueden calificar, de una manera global, en lo que se denominan ciclos medios. Es decir, fracciones de ciclos más largos de cuarenta a cincuenta años, en los que se producen oscilaciones económicas de gran trascendencia social. En la agricultura, los ciclos pueden ser de nueve a diez años en los que varios factores intervienen decisivamente sobre la empresa agraria. En estos días de largas veladas de tertulia, sin actividad laboral en el campo, aseguraba una agricultora de esta provincia que años atrás daba más de si el dinero, ella creía que antes era mucho más rentable la agricultura y la ganadería, aseguraba que ahora no se hace dinero. Es posible que los grandes especuladores si estén haciendo dinero y a buenas cosechas suelen subir los insumos, el saqueo del estado o de los buscan la ganancia mercadeando.
De momento lo que pedimos a este nuevito 2009 –lo digo por nuevo no por nueve- es que todos podamos compartir con tranquilidad una vida digna. Podemos especular meditando, pensando y reflexionando que es la primera acepción de especular. Otras acepciones del vocablo es comprar bienes que se cree que van a subir de precio para venderlos y obtener ganancia sin trabajo ni esfuerzo. Habrá que estar atentos ya que tras las crisis suelen venir las guerras. Que nuestros deseos y proyectos no nos lleven más allá de unas aspiraciones justas de bienestar. Desde el campo desean que seamos solidarios y consumamos los productos de la tierra. Lo dicho, un buen deseo para un proyecto de vida digna, con lo nuestro, lo de siempre. |