Mañana se celebra la fiesta de San Antonio Abad, más conocido por la simpática abreviatura de San Antón, es una tradicional celebración rural que popularmente se dedica a los animales, principalmente domésticos y ahora a los denominados animales de compañía. Recuerdo, hace años en la iglesia del pueblo, a una imagen de San Antón rodeada de velas en todo su entorno; la devoción de todo el pueblo se ponía de manifiesto por la cantidad de velas puestas al Santo para proteger a los animales que se criaban en la casa de labranza. Además, aunque no fueran labradores o ganaderos, muchos vecinos de otras profesiones criaban cerdos u otros animales para el abasto doméstico y la vela suponía una ofrenda a cambio de protección; era como pagar la prima de un pequeño seguro contra el mal rojo, (erisipela porcina) a un Santo en el que se confiaba. Hay que recordar la vinculación de la fiesta de San Antón y la matanza del cerdo o el mondongo, a un tiempo frío y desocupado de labores en el campo; el cerdo cumplía los últimos días para ser sacrificado y había que proteger la despensa familiar para todo un año. Una fiesta familiar para curar chorizos, jamones y lomos, en la que colaboraba toda la familia, en unas tareas que requieren rapidez en las manipulaciones.
Tanto es así que junto a la pequeña imagen de San Antonio Abad, en la misma base de la peana figuraba un cerdo a sus pies y era tal el cúmulo de velas que se quemaban todos los años que supuse que el San Antón era negro. Algunas cofradías encargaron imágenes de San Antón, en algunos casos a escuelas de escultores asentados en la comarca; en otros casos los imagineros locales dejaban mucho que desear, de ahí el dicho de que si sale con barbas San Antón y si no la Purísima Concepción. Tengo curiosidad si le han quitado la patina de humo acumulado en la imagen que representa un anciano con hábito talar, por cierto, en este caso una pequeña talla de madera policromada, probablemente renacentista del siglo XVI.
Este año, el ambiente de frío, nieve y hielo, rememora aquellos años sesenta del pasado siglo cuando las calles de los pueblos no estaban pavimentadas y el barro helado con restos de nieve era el panorama de un medio rural que pretendía ser más urbanita. De correr las vueltas a San Antón y pregonar los satíricos refranes se encargaban los más jóvenes jinetes del lugar. En cada pueblo había unas costumbres que aún hoy persisten y algunos pueblos pretenden que no se pierdan tradiciones festivas. En Castromocho, los caballistas suben la cuesta hasta el santuario de la Virgen de los Ángeles; en Fuentes de Nava, corren las mulillas y aprovechan para revivir la fiesta de la matanza; en Becerril, celebran la denominada fiesta de invierno y en otros muchos lugares de la provincia, en cada sitio a su manera, la festividad de San Antón sigue viva. En Palencia, en la iglesia de San Miguel, aún pervive la festividad religiosa y la bendición de los animales, que hoy ya son en su mayoría mascotas.
Es curioso el arraigo popular de este Santo anacoreta, nacido en el siglo III en Coma (Alto Egipto) y fundador del movimiento eremítico, ya que en Madrid también se celebra en el entorno de la iglesia de San Antón esta fiesta popular con la bendición de los animales. Posiblemente, la capital de España, conserva aún ese sabor rural y antepasado agrario, en fiestas como San Isidro y San Antón, entre otras. La tradición de los refranes de San Antón, referida a cada vuelta de galope de caballos, eran una serie de sentencias ingeniosas de estructura pareada, a modo de letrillas satíricas burlescas, habitualmente anónimas; todo el pueblo aceptaba la crítica de esos refranes alusivos a la vida social, política y costumbrista del lugar. Hoy pudiera ser así: ¡¡Oh glorioso San Antón el diecisiete de enero, ya no tenemos ni ministerio en el Gobierno de Zapatero!! |