En este invierno tan riguroso como clásico de esta tierra, muchos días hemos dicho lo de: “está cayendo una buena”, bien si se trata de una helada, nevada, granizada o cualquier otro fenómeno atmosférico extremoso al que nos tiene acostumbrado últimamente. Pero lo verdaderamente frío y desastroso es la que está cayendo, en lo que se refiere a la situación de crisis económica, activada por la ansiedad y la sensación de impotencia del ciudadano de a pie. No es mi intención sembrar pesimismo cuando apenas hemos iniciado el año 2009 y parece que la llegada de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos de América ha inyectado un contagioso optimismo en casi todo el ámbito mundial; ojalá sea verdadero con la que está cayendo.
El campo vive un momento de cambio e indecisión, la crisis no sólo afecta al sector financiero, a la construcción, a la automoción y tantos otros sectores que se ven arrastrados en cadena hacia una caída de efecto dominó. El campo está confuso ante una situación que no debiera haberse producido. Es lo que los economistas denominan histerisis de los costes: es el caso de esta pasada sementera de invierno, cuando los precios de los alimentos en origen van a la baja. Sin embargo, toda una serie de insumos de la producción continúan a muy elevados costes –fertilizantes, carburantes, etc.- en toda una curiosa paradoja; porque aunque no sólo de pan vive el hombre, está claro que sin pan no se puede vivir, dicho de una manera metafórica.
El nuevo inquilino de la Casa Blanca ha advertido que el mercado no se nos puede ir de las manos, hay que estar ojo avizor. Aquí, en España, no sólo se nos ha ido el mercado de las manos, es que lo hemos perdido. Sin agricultura no puede haber futuro para un país que es capaz de producir lo que le demanden y que puede vivir de sus propios recursos naturales de una manera sostenible. Pero sin una ley de comercio que regule los precios en origen y en destino, estamos matando la gallina de los huevos de oro. Ante todo no confundirse en los términos, porque una cosa es libertad de mercado, otra el intervencionismo y otra el libertinaje ¿Qué hace ahora la Comisión Europea, cuando llegan las vacas flacas? De momento recortan las ayudas de la PAC, vía modulación y otras retenciones presupuestarias. Unas acciones que vienen a agudizar la expectativa ante la crisis del sector agrario.
En unas jornadas sobre turismo en Palencia, he oído escandalizado, proponer como alternativa a la crisis del sector agropecuario la dinamización del sector turístico en la provincia. Espero haber entendido mal, sobre todo cuando viene de una persona que supuestamente representa a una entidad local del medio rural. Aquí podemos producir el doble de azúcar, de cereales pienso, de leche y de carne; podemos llenar los silos de trigo para abaratar agro-alimentos; aquí, además, podemos producir de todo. El sector necesita que se regulen los mercados y abastecer solo esa demanda. Pero aquí no vamos a ser una industria puntera del turismo, a pesar del Canal de Castilla, del Camino de Santiago, del románico del norte o del gótico del sur de la provincia.
Está cayendo una buena y la alternativa a la desaparición de ganaderías punteras, a la reconversión de la remolacha y los cereales, la buscamos en el turismo interior. Cuando agotemos la poca original moda de la matanza del cerdo y las fiestas populares, el auténtico mondongo va a ser buscar buenos profesionales de la hostelería. Muchos de los emigrantes que han venido a ordeñar ovejas y cabras, cuando conseguían papeles, se iban primero a la construcción y luego a la hostelería. Está cayendo una buena, pretenden que los hombres y mujeres del campo se conviertan en hosteleros. ¿De qué turistas? De los domingueros que vienen al pueblo de manera estacional. |