Se nos va este mes de enero en el que las condiciones meteorológicas han sido lo suficientemente duras como para recordarnos que estamos en invierno y que cada año las estaciones no son necesariamente iguales en su intensidad. Puede que se sucedan años de humedades con años de sequías, inviernos fríos de nieve y hielo con otros más suaves, todo es posible en menor o mayor medida y seguro que ha sucedido con anterioridad. Ya sé que algunos conservacionistas dirán que este tiempo de vientos huracanados, de noches de hielo, de nevadas sorpresivas y de chaparrones inesperados, no es ni más ni menos que la consecuencia del calentamiento global del planeta. Eso no quiere decir que no se busquen alternativas al consumismo y a la emisión a la atmósfera de gases que perjudican la salud de los seres humanos. Hay que convencerse de la necesidad de reciclar nuestros residuos y de encontrar soluciones a un consumo más sostenible.
Despedimos enero, un mes en el que la actividad agraria ha quedado totalmente paralizada. Los que realizan parte de sementera de cereales o leguminosas, en la segunda siembra denominada de primavera, están esperando que el próximo mes de febrero sea más seco y puedan orearse algo las parcelas. El campo está bastante cuajado de humedad y el laboreo no es posible en terrenos empapados. Por eso, desde tiempos atrás, en el medio rural las fiestas se sucedían en este tiempo relativamente ocioso en la agricultura tradicional. Apenas han olvidado los langostinos navideños, cuando llega el mondongo de chorizos y morcillas; del color rosa al negro, en fiestas gastronómicas compartidas de celebraciones rurales. Sin olvidar que febrero comienza festivo: las santas Brígida y Viridiana, Candelaria, San Blas y las Águedas; todo un programa lleno de tradiciones y cofradías para entretener los días de baja intensidad laboral en el campo.
Pero en el sector agrario también es tiempo de asambleas y puesta al día de conocimientos y estrategias para encarar un año en el que el mercado cerealista comienza a despertar de un letargo de precios. Por fin se queda atrás un periodo sin operaciones y marcado por la volatilidad e inseguridad en las cotizaciones que ahora repuntan de nuevo. Ante esta crisis financiera internacional, en lo que respecta a política agraria comunitaria, algunos podrían pensar que este 2009 será un año de transición, de escaso contenido agrario tras la puesta en marcha del “chequeo médico” de la PAC; pero no es así, ya que los países miembros pueden realizar su propia política agraria, cada vez con decisiones propias, dentro de los límites reglamentarios de la PAC.
El ministerio de los medios deberá, al igual que el resto de los países de la UE, fijar su postura y marcar sus prioridades antes de que a España le corresponda asumir la presidencia de la UE dentro de un año. Por eso es importante este año 2009, para crear alianzas y encuentros sobre los próximos presupuestos en la UE. Tras la hiperactiva presidencia francesa, ahora estamos bajo mandato de la República Checa, y en el segundo semestre corresponderá a Suecia, enemigos declarados de la continuidad de los fondos de la PAC. No hay que olvidar que existe un bloque muy compacto de naciones contrarias al modelo agrario europeo mediterráneo. Si los fondos se orientan hacia una mayor participación de cada estado miembro, desaparece ese espíritu de cohesión europeo que inspira la agricultura común, y España se verá perjudicada por ser, hasta ahora, el segundo país perceptor de fondos agrarios.
Entre tanto, para la primavera estamos convocados para elegir un nuevo Parlamento Europeo. Unas elecciones más importantes y decisivas que las convocatorias europeas hasta la fecha realizadas, teniendo en cuenta el amplio poder decisorio tras el Tratado de Lisboa. Pero eso será más adelante. Ahora, la despedida de enero.
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