Cumplida la primera quincena del mes, pocos años se contabilizan unas lluvias generales tan oportunas y tan abundantes como las que nos han ofrecido abril y mayo, puesto que aquí, en esta Tierra de Campos, en la primavera suelen fallar las lluvias. En esta ocasión muy oportunas, puesto que en la primera semana del pasado mes de abril la sequía ya se apreciaba a simple vista en muchos campos de cereales y los labradores de secano suspiraban por una borrasca que se negaba durante todo el invierno. Al fin llegaron las lluvias y en el mes de abril se registraron precipitaciones en torno a noventa litros por metro cuadrado, algo más copiosas al norte de la provincia, para aliviar embalses resecos y cambiar de color prados y cereales.
Ahora mayo vuelve a obsequiarnos con humedades y todo el mundo sabe lo que significa la lluvia en este tiempo. La expresión como agua de mayo viene a significar algo que llega cuando lo necesitas y, además, en el momento adecuado; también se usa cuando se espera con impaciencia algo que no llega. Es una de las contradicciones de la naturaleza humana que solo valoramos las cosas cuando se vuelven escasas. Añoramos la lluvia cuando padecemos estaciones secas y apreciamos el valor del agua cuando se seca el pozo. Hay una letra en una canción de Malú como agua de mayo, con un estribillo que dice: “dame tu amor, dame tu agua de mayo”. Mejor metáfora no se puede emplear en una balada musical para dar fuerza a una música y también el campo ha recibido todo el amor de una lluvia generosa, fértil y productiva.
El agua dulce ejerce un papel importante en la organización del espacio. Desde antiguo, los ejes fluviales han ofrecido a los grupos sociales unas condiciones adecuadas para establecerse y la calidad ha supuesto una búsqueda constante para todas las civilizaciones. Hay un proverbio chino que asegura que el trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo:”el agua es turbia al principio, mas luego se clarifica”. Un agua tan dulce que ha venido a recargar acuíferos y aumentar las reservas de los embalses, en un año que se presentaba con el ceño áspero de la sequía.
Por estas fechas de mayo, los agricultores siempre imploran la intercesión de San Isidro para que lleguen las lluvias. Este año, se puede decir que ha sido todo agradecimiento a este Santo Labrador que hasta en Italia se le venera como patrón de ager agri, San Isidoro Agrícola. Lo de Isidro es síncopa de Isidoro, una figura de dicción que consiste en la supresión de uno o más sonidos dentro de un vocablo. En todos los pueblos de nuestra provincia hay una imagen de San Isidro Labrador y las juntas agropecuarias locales se encargan de recordar la devoción de un patrono. Siempre se representa a San Isidro con una yunta de bueyes, un arado romano, un ángel empuñando la macera de la esteva mientras el Santo está en oración. En la mano del Santo Labrador, una aguijada o aguijadera para dirigir la yunta, en otros casos lo que acompaña a la imagen es una arrejada, una vara larga con una punta de hierro en forma de paleta para sacudir la tierra que se pega a la reja del arado.
La festividad de San Isidro Labrador y el agua de mayo representan el agradecimiento sobre el hecho físico y el acto metafísico, precisamente en unos tiempos en los que ha desaparecido del Gobierno el Ministerio de Agricultura. No se si habrá que incorporar a San Antonio como co-patrono del nuevo ministerio, por aquello de los pajaritos. Pero no es difícil imaginar a San Isidro anillando pájaros y cuidando del medio ambiente, labrando con un tractor de muchos caballos, equipado con la más moderna tecnología, incluso con piloto automático para seguir arando mientras habla con Dios de la reforma de la PAC y la desaparición del MAPA.
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