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Energías más limpias por José María Ruiz Ortega

            Una de las causas de la crisis en la que nos vemos envueltos, aunque la denominen desaceleración, está en el alto precio de la energía que arrastra a casi todos sectores de nuestra economía. Los agricultores ven con desesperación la escalada de precios de los fertilizantes y los combustibles. La UE y gran medida España, dependen demasiado del consumo bruto de energía primaria. Nuestro país depende peligrosamente de los combustibles fósiles, en torno al 80 %. Precisamente España tiene la más alta radiación solar de todo el continente, mientras en la Europa de los 15 desciende esa dependencia al 51 %. El mundo avanza hacia un cambio de modelo energético ya que el petróleo, ese oro negro del siglo XX, es un bien agotable y la industria es consciente de que debe caminar hacia un modelo más sostenible. Las energías limpias se imponen, no sólo en España sino en el mundo. Hoy es uno de los sectores con mayor potencial de crecimiento. La energía eólica bate todos los récords cada año, crece la potencia instalada, crecen los aerogeneradores y también crece el tamaño de los parques. En este primer trimestre del año la eólica ha supuesto el 16,7 % de la electricidad del sector español peninsular, superando al carbón y a la hidráulica. Los expertos no dudan de que en los próximos años la energía limpia tenga un crecimiento cercano al 30 % anual. Así todo, esta aportación resultará insuficiente para sustituir al petróleo.

            Los llamados huertos solares, son una alternativa de “cultivo” para muchas parcelas de baja rentabilidad agraria. El sol es uno de los activos más destacados que tiene España, no sólo por el reclamo turístico del litoral, playas y seguros de horas de sol, también en el aprovechamiento de la luz solar transformada en riqueza energética, importantes ventajas para la instalación de parques fotovoltaicos. Ojalá los agricultores sean capaces de convertirse en los magnates de la energía, bien de los biocarburantes, los aerogeneradores, o los huertos solares con placas fotovoltaicas.

Al final todo es más complicado de lo que parece, el sector sigue esperando una legislación aún pendiente, cada día más afectado por la incertidumbre y la inestabilidad reguladora. El actual “año de gracia” finaliza en el mes de septiembre y nadie sabe lo que va a pasar. El Gobierno, en sus intervenciones públicas, apuesta por la lucha contra el cambio climático, pero los hechos no se corresponden con el apoyo a las nuevas energías alternativas. Es posible que la recaudación directa estatal por la vía de impuestos sobre los carburantes sea la causa de decir una cosa y hacer otra.

            Por cierto que de tanto oír lo del cambio climático y el calentamiento de nuestro  planeta, según un grupo de expertos que estudia este fenómeno, el clima cambia y cambiará siempre por razones naturales. No hay duda de que las actividades humanas aumentan de manera importante las concentraciones atmosféricas de algunos gases que tienden a recalentar la superficie de la Tierra. A modo de cómputo global, unas tres cuartas partes de las emisiones antropogenias de CO2 en la atmósfera en los pasados 30 años se deben a la quema de combustibles de origen fósil. Entonces, ¿por qué no se hace una política de Estado y una buena regulación de energías renovables?

Los huertos solares o eras llenas de placas fotovoltaicas han crecido últimamente en proyectos y kilovatios. Hay que destacar que, en el ámbito de la energía solar, se dan tres variantes: la fotovoltaica, la térmica (térmica de baja temperatura) y la termoeléctrica (térmica de alta temperatura). Entre estas últimas la calefacción, la refrigeración y el agua caliente, son las aplicaciones más extendidas de la energía solar térmica. Por su parte, la termoeléctrica agrupa un conjunto de tecnologías orientadas a producir electricidad y no calor. Pero sin duda, se imponen las energías limpias, más aún ahora que acabamos de celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente.

 

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