Tras las reuniones de los ministros de Agricultura de la UE, celebradas a finales del pasado mes de mayo, los distintos países integrantes ya mueven ficha según sus particulares estrategias, tomando posición sobre las medidas incluidas en el denominado chequeo médico de la PAC. España no tiene una política decidida y el tema de las cuotas lácteas viene a agrandar los problemas que arrastran los ganaderos españoles. Uno de los elementos más delicados de las negociaciones es la manera de enfocar la supresión de las cuotas lácteas; un verdadero calvario para los productores de leche de vaca que habían invertido en modernización y en compra de cuotas, para ser competitivos. Ahora se encuentran descapitalizados en sus inversiones y el Gobierno no sabe a que carta jugar en este tremendo embrollo de aumento de cuotas. Para algunos países como Italia que soporta cada año fuertes multas -en torno a 160 millones de euros- debido a una cuota nacional que no cubre su propia demanda, solicita un aumento superior al 5 % propuesto por la Comisión. Quizás los más prudentes sean franceses y alemanes que alegan el riesgo que existe para la producción si se suprimen las cuotas sin tomar precauciones o se liberalizan de manera sibilina.
Metidos en este tinglado europeo, lo prioritario de las distintas medidas del chequeo médico de la PAC es apaciguar la situación desordenada del actual mercado agroalimentario. Es necesario un desacoplamiento total de las ayudas directas, terminar de una vez por todas con la retirada obligatoria de tierras de cultivo y normalizar una transición suave hacia la supresión de cuotas lácteas hasta el año 2015. Por si fuera poco, a los ganaderos españoles en plena crisis de bajada de los precios percibidos por sus productos –leche y carne- y la subida de los piensos, les ha pillado totalmente desamparados los paros del transporte; un mal añadido a su ya dramática situación. Si se desabastecen de piensos y no les recogen la leche diariamente, las pérdidas van a ser millonarias en sector muy castigado, a un paso de desaparecer lo mismo que ha desaparecido el Ministerio de Agricultura.
Los agricultores se oponen a soportar nuevos recortes de la PAC, frente a las propuestas de aumentar los porcentajes por modulación. Da la impresión de que los alimentos hayan dejado de ser estratégicos, tratan de recortan más aún las ayudas directas del primer pilar hacia el desarrollo rural, cuando por el contrario existe la necesidad de apoyar a sectores en vías de desaparición como el ovino, productores lácteos, etc. De ahí el lema de Asaja para su manifestación del día 19 en Madrid: por la supervivencia del campo. En este momento hay que garantizar la estabilidad de los mercados y las rentas, ya que pueden desempeñar un papel importante en la protección de la biodiversidad y el medio ambiente. Recortar demasiado el primer pilar de los pagos compensatorios supone un duro golpe para las explotaciones familiares, cuyas rentas no pueden depender sólo de los precios y precipitan a un nuevo éxodo rural.
Aquí es muy fácil culpar a otros de una mala política agraria nacional. Por arriba, dicen que todo viene dado de la UE y por abajo, son las comunidades autónomas. De esta manera, sin Ministro de Agricultura, se buscan palabras huecas que no se sabe si pretenden arreglar algo o ponerlo peor. Nos han instalado en una perfecta anomia que manejan con descaro frente a la opinión pública; no se puede encontrar otra palabra que resuma mejor los mensajes del Gobierno que este trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas por su nombre. Maquillan la realidad, cometen pecados eufemísticos, nos tragamos un lenguaje cercano a la ilegalidad o estamos desarrollando una perfecta sinestesia. Pero en este momento nos jugamos la supervivencia del campo. |