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Entre San Juan y San Pedro por José María Ruiz Ortega

               En este tiempo del inicio del verano, la actividad agraria se multiplica en varias tareas, tanto en secano como en regadío. La cercanía de la recolección de los cereales tradicionales en esta provincia moviliza los activos y pone a punto equipos y operarios; se planifican las faenas en previsión de las alternativas que se ofrecen al inicio de una campaña que se prevé buena, en términos generales. Pero la tradición agrícola nos recuerda el riesgo de tormentas, entre San Juan y San Pedro, San Pelayo en medio, como unas fechas en las que cualquier nube puede evolucionar en, peligro de granizada o pedrisco cuando las espigas ofrecen su granazón más esplendorosa, pendientes del último tramo de maduración. En esta situación insegura, cualquier trance meteorológico anormal puede dañar una cosecha que se toca con la mano.
Por eso, la actividad en torno a la recolección es tan amplia como las horas de luz de estos días abiertos al triunfo del sol sobre nuestras cabezas. La verticalidad del astro rey seca el heno y las plantas destinadas a forrajes, para llenar pajares, aprovisionar establos y tenadas de hierba para cuando llegue el invierno. El previsible viento caluroso de estas fechas agita las espigas, endurece el grano y propicia el trabajo de las cosechadoras para recoger el fruto de un año de esfuerzo labrador iniciado en la sementera. Es tiempo de no regatear esfuerzos en la recogida de la cosecha y aprovechar las horas de luz para realizar trabajos que no pueden demorarse. Para sentenciar estos trabajos de verano, el romancero nos recuerda múltiples dichos como el de: “Le dijo julio al agostero, ya dormirás en enero”. Aunque ahora, con la mecanización de la agricultura, muchos de estos refranes han perdido vigencia.
            En los regadíos, la actividad es mucho más frenética que en los secanos cerealistas. Las persistentes lluvias en las tres cuartas partes finales de la primavera, han ahorrado riegos de inicio y esfuerzos. En general, la remolacha y el girasol presentan un excelente aspecto. Ahora hay vigilar el cultivo, manejar tratamientos e iniciar algunos riegos para incorporar fertilizantes y fungicidas. El cultivo del maíz está más desigual, dependiendo de las zonas de la provincia donde el exceso de lluvias y las bajas temperaturas nocturnas habían causado algún trauma de desarrollo vegetativo de las plantas. Estos días de calor han solucionado parte de los problemas de un cultivo alternativo en nuestras zonas regables, en vista de la bajada obligada de las siembras de remolacha por la reestructuración del sector azucarero.
            En la ganadería de ovino, era costumbre contratar el pastor de San Pedro en adelante. Si no estaba conforme con el salario o con el trabajo, el pastor cambiaba de amo; para prorrogar su trabajo en la misma casa, tras las correspondientes negociaciones, el pastor preguntaba al amo: -¿quito las cencerras? Como las esquilas pertenecían al pastor era una manera de preguntar al amo del ganado si aceptaba  peticiones del pastor. Toda una parafernalia, ahora olvidada en todos sus términos: primero, ya quedan muy pocos pastores para arrear el ganado en los pastos, y el pastor es el dueño de las ovejas; segundo, la evolución competitiva en busca de mayores producciones tiene como consecuencia una raza mucho más productiva en leche y menos rústica, por lo que el pastoreo queda reducido a muy pocos rebaños de ovejas churras y castellanas, dando paso a otro ganado híbrido menos apto para el pastoreo.
En estas fechas, en agricultura tradicional del pasado siglo, se producía un importante movimiento laboral para el verano. Se decía: “por San Pedro y San Juan los mozos mudan el pan”, es decir, se ajustaban para la recolección de los cereales formando cuadrillas de segadores que llenaban los pueblos de actividad.

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