Mucho han cambiado las cosas en los dos últimos siglos y, por
supuesto, el sector turístico ha ido adaptándose a los vaivenes del
tiempo. Digo esto porque de la adaptación al medio depende la
supervivencia de todos los seres. No obstante, esos cambios siempre
ocultan ideas que permanecen, que subyacen, y son el motor verdadero
de esas modificaciones. En el turismo casi siempre han desempeñado
un papel importante los siguientes factores: la curiosidad, la búsqueda
de nuevas aventuras, la recuperación de la salud, la búsqueda de paz y
sosiego, la admiración por alguien, la pasión por una cultura... Y
mucho más. En el siglo XIX, una pléyade de iajerosrománticos
y
menos románticosnos
dejaron sus testimonios en libros (me viene a la
memoria el libro de Antonio Ponz sobre sus viajes por España). En el
siglo XIX los reyes y las reinas también hacían turismo buscando las
glorias de la cultura grecolatina, e incluso buscando una mejora de la
siempre uebradiza salud. Hoy esto ha variado, el turismo en las
sociedades del bienestar se ha ampliado a la clase media y se ha
superado lo que antaño quedaba reservado para reyes, aristócratas,
gobernantes, millonarios, viajeros y estudiosos. Aunque sigue habiendo
clases...
Tanto desde la administración pública como desde la empresa
privada, los agentes turísticos proponen el desarrollo de rutas de largo
recorrido, ya sean culturales, de naturaleza, de salud o incluso
temáticas. Esto no es nuevo. Sí es novedoso que cada vez más gente
tenga acceso a los servicios que en otra época sólo disfrutaban los
sectores adinerados. (Rutas lujosas en tren, recorridos por parajes
naturales, balnearios, etc.) Con ello se ofrecen alternativas al turista
para que disfrute de su tiempo libre y repose el espíritu que suele andar
agitado en nuestra sociedad de la información, antaño también había
estrés, no vayan a pensar lo contrario. De igual manera, el turista
dispone de folletos, páginas web, libros que prologan lo que después
será el viaje.
Se me ocurren infinidad de rutas que pudieran ser encantadoras: la
ruta de Duero, siempre hermanando el vino y el buen yantar con la
cultura; la ruta de la Plata, camino de progreso y de regreso a la Roma
Imperial; el Camino de Santiago, camino de caminos dónde cultura y
religiosidad van unidos. Son sólo unas sugerencias, pero como
caprichoso que uno es, les propongo desarrollar dos rutas distintas a
las anteriores: el Camino del Cid – camino literario en busca de un
héroe y una época y
el canal de Castilla – camino de agua destinado a
despertar del letargo a la vieja Castilla. Una de ellas, ruta hija de la
literatura y la leyenda. Otra, hija de la necesidad y de la economía.
Sendas opciones pueden hacerse aprovechando los senderos que
discurren en la ruta, tanto de corto como de largo recorrido. El contacto
con la naturaleza y la visita de enclaves rurales condimentan los ya de
por sí buenos ingredientes del plato turístico. Merece la pena ya sea a
pie, en bici o en coche.
La primera es el Camino del Cid, palabra árabe que significa señor y
que nos remite a un tal Rodrigo Díaz de Vivar. A través de esta ruta
reviviremos acontecimientos legendarios venidos de un mundo de
musulmanes y cristianos. Esta ruta no es un invento reciente, sino que
tiene una larga historia. Los eruditos del XIX ya hablaban del camino
del destierro del Cid. Se trata de una ruta de 1131 Km. (si se va por
carretera desde Vivar del Cid hasta Valencia, aunque puede extenderse
mucho mas si tomamos todos los caminos y anillos). El recorrido
atraviesa las provincias de Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza,
Teruel, Castellón, Valencia y Alicante. En torno a las aventuras del
mitificado Ruy Diaz de Vivar, que aparecen en el Cantar del Mío Cid, se
puede disfrutar del rico patrimonio religioso, cultural y natural. Nació
nuestro protagonista en Vivar del Cid, punto de partida. ¡Quién no
conoce los hitos cidianos de la ciudad de Burgos! La Iglesia de Santa Águeda donde se realizó el famoso juramento, la Iglesia de Santa María
(hoy Catedral, adónde se rasladaron los restos mortales del cid, bajo el
maravilloso crucero) el arco de Santa María, el puente de San Pablo. Y
cerca de la capital burgalesa el monasterio de San Pedro de Cárdena,
dónde dejó el Cid a su esposa Doña Jimena y a sus hijas al partir hacia
el exilio. Camino hacia Soria uno puede hacer parada y fonda en
Covarrubias, vieja villa medieval vinculada a otro héroe castellano –
Fernán González, también vinculado al Monasterio de San Pedro de
Arlanzay
seguir hasta Santo Domingo de Silos, que posee un gran
monasterio famoso por su claustro románico.
Y esto no es más que un anticipo dado que en Soria, tierra de frontera
en los tiempos del Cid, pueden admirar la riqueza patrimonial de
Castillos, como los de Gormaz – arco califal de su castillo de estampa
interminable,
Berlanga de Duero – Castillo y cerca la ermita mozárabe
de San Baudelio, o el famoso arco romano de Medinaceli, lugar repleto
de historia desde la antigüedad y antes. O Santa María de Huerta,
Monasterio cisterciense fronterizo con Aragón. De Soria pudo nacer el
alma del poema del Cid y a uno no le extraña por la gran belleza de sus
paisajes y el contraste, muy habitual en la historia entre belleza y
confrontación – simbolizada en sus innumerables castillos. La historia
del Cid prosigue hasta Guadalajara atravesando un terreno ondulado y
rememorando Atienza con su impresionante legado vinculado a la ruta
de la lana, sus plazas porticadas y mucho más. Hita, tierra de
arciprestazgo y bello enclave rural repleto de historia no sólo medieval.
Guadalajara que conserva una joya llamada Palacio del Infantado,
residencia de alta alcurnia y Sigüenza – con su catedral y un
espléndido conjunto histórico coronado por Castillo.
El Cid se adentró en tierras aragonesas, lugar dónde lo cristiano y lo
musulmán dejaron su impronta. Uno puede detenerse en la milenaria
Calatayud y desde allí conocer el Valle del Jiloca e incluso desviarse
hasta la Almunia de Doña Godina para visitar la Iglesia de la Asunción
y el legado de los caballeros de San Juan de Jerusalén. En Teruel es
imprescindible la visita a Albarracín y su comarca, pueblo anclado en la
sierra, cuya encanto reside a partes iguales entre monumentos, parajes
naturales, leyendas... E imprescindible es la visita de la capital de la
provincia, la tierra de los amantes y paraíso del mudéjar . A través de
esta ruta se disfruta la gran variedad cultural, gastronómica y de la
Península Ibérica. Y camino del Mediterráneo nos adentramos por la
comarca del Maestrazgo haciendo obligada escala en Morella con su
castillo testigo de la maestría del Cid en la lucha, murallas y todo un
conjunto repleto de Iglesias y rincones encantadores. Tampoco hay que
pasar por alto Segorbe y Onda. En el Mediterráneo el paisaje cambia y
poco a poco llegamos a la tierra de palmeras, bellas playas y un gran
legado históricoartístico.
Sagunto, Valencia y Elche son tres grandes
ejemplos. La meta es el mar. El espíritu de cantar aparece recogido en
los folletos del consorcio del camino, que recogen un verso del cantar:“...Quien en un lugar mora siempre lo suyo puede menguar...”. Toda
una declaración de intenciones.
El Consorcio del Camino del Cid compuesto por las ocho Diputaciones
provinciales correspondientes está llevando a cabo una ambiciosa
política de señalización, acondicionamiento de senderos y divulgación
del camino, que a buen seguro dará sus frutos en el futuro. El año
pasado con la conmemoración del ochocientos aniversario de la
aparición del Cantar, se celebraron exposiciones, conferencias...
Actualmente, en “la 2” de televisión española se está emitiendo un
documental narrado por el actor Manuel Galiana, que acerca al público
el Cantar, teniendo en cuenta los recursos naturales, paisajísticos,
monumentales de cada uno de los hitos del camino. Se está trabajando
mucho últimamente y confío en que seguirá así para el futuro. Sobre
todo de cara a la señalización completa del camino y la construcción de
albergues y otros servicios para los turistas. Esta ruta de castillos,
luchas, fatigas, buena gastronomía y valores humanos da mucho de sí.
Esto ha sido un simple prólogo.
La segunda ruta propuesta es la del Canal de Castilla. Este recorrido
atraviesa las actuales provincias de Palencia, Burgos y Valladolid. Una
ruta que hasta épocas muy recientes apenas contaba con
infraestructura para poder ser divulgada Es una ruta distinta,
apropiada para los amantes de los paisajes color ocre y la inmensa luz
de los campos de Castilla, cuya esencia captó en su obra el pintor
palentino Díaz Caneja. El gran incoveniente de la ruta es que el Canal,
en la actualidad, no es navegable en sus 207 Kilómetros como antaño,
sino que al ser transformado en regadío se inutilizaron muchas
esclusas. No obstante, han habido iniciativas como paseos en barcaza
en diferentes puntos del canal, si bien es cierto que la iniciativa más
exitosa se puso en marcha en Medina de Rioseco con la embarcación“Antonio de Ulloa”, propiedad de la Diputación de Valladolid, con
capacidad para más de 50 personas que rememora la figura del insigne
ingeniero que impulsó el proyecto. Sus viajes parten de la dársena del
Canal en Rioseco, situada junto a la antigua fábrica de harinas “San
Antonio”.
Ya en el siglo XVI se dibujó la idea de un canal fluvial de estas
magnitudes, aunque no será hasta el siglo XVIII cuando se pongan
manos a la obra. Además el trazado previsto, SegoviaCantabria,
fue
reducido considerablemente. El Canal tiene tres ramales: Ramal Norte Desde
Alar del Rey, pueblo creado para esta infraestructura hasta
Calahorra de Ribas,
Ramal de Campos –
Desde Calahorra de Ribas,
donde comenzaron las obras con el inestimable impulso del ingeniero
Carlos Lemaur en 1753, hasta Medina de Rioseco dónde terminó el
trabajo en 1849 y Ramal Sur – El Serrón (Grijota) hasta Valladolid. ç
En estos tres ramales se distribuyen 49 esclusas, que permiten salvar el
desnivel del terreno. Debía ser todo un espectáculo ver como se llenaba
la esclusa para que el barco pudiera continuar su camino. Resultaban
vitales las compuertas para administrar el nivel del agua. Las esclusas
son de dos tipologías: ovaladas y rectangulares. Las esclusas ovaladas
son más complejas y permiten el paso de dos embarcaciones a la vez.
Las rectangulares son mucho más simples en su construcción, datan
del XIX y sólo permiten el paso de una embarcación. Abundan en el
ramal de campos. Aprovechando el Canal se construyeron fábricas,
casas y viviendas destinadas a impulsar la maltrecha economía de la
zona. Se trataba de transportar el grano a través de las barcazas hacia
el puerto de Santander y desde allí hasta América. Pero la iniciativa
llegó demasiado tarde y la dura competencia con el ferrocarril hizo el
resto. En un primer momento la navegación se hacía aprovechando la
fuerza de los caballos y el viento. Además, sólo se podía navegar de sol a
sol. Incluso llegó a existir un servicio de transporte de viajeros entre
Valladolid y Palencia.
Como ocurre con el camino del Cid, el Canal es un excusa para
conocer los pueblos que atraviesa e incluso para acercarse a lugares
próximos. Eso ocurre con Aguilar de Campóo y el monasterio de San
Andrés de Arroyo con su magnífico claustro, cercano a Alar del Rey.
Tampoco hay que perderse Herrera de Pisuerga, la antigua Pisoraca,
dónde se puede visitar el Centro de Interpretación del Canal así como
admirar la Presa de San Andrés y realizar paseos en barca. La
incursión del canal por la provincia de Burgos permite contemplar el
acueducto de Abánades que posibilita el tránsito del canal frente al río
Valdavia. Se trata de la obra más compleja de todo el trayecto. También
ocurre con Frómista, cuya cuádruple esclusa genera admiración entre
los turistas. Y Frómista es la villa del milagro e hito del camino de
Santiago y del románico.
Ya en el ramal de campos es obligado el paso por Calahorra de
Ribas, donde se colocó la primera piedra y es célebre por sus
espectaculares esclusas. Cerca se halla la villa de Paredes de Nava, la
cuna de los Berruguete y Jorge Manrique, una villa que atesora un
magnífico museo en la Iglesia de Santa Eulalia y bellas vistas desde la
Iglesia de San Martín – hoy Oficina de turismo.
Y Becerril de Campos,
un pueblo que a orillas del canal que dispone de museo de arte sacro y
un ayuntamiento muy singular. Muy cerca, en Fuentes de Nava se
encuentra el Centro de recepción de visitantes del espacio natural “la
laguna de la Nava” . Y de camino a Rioseco, uno se puede desviarse a la
villa de Ampudia, con su célebre Castillo, Colegiata de San Miguel, y
soportales típicos castellanos dentro de un contexto dominado por el
palomar. Retomando el canal se pasa por Belmonte de Campos y su
airosa torre del castillo, bello exponente de la arquitectura del siglo XVI.
Y ya en Rioseco pueden admirar un patrimonio espléndido de la Iglesia
de santa María de Mediavilla y su calle de la Rúa, sus paseos en Barco
por el canal en la embarcación “Antonio de Ulloa”.
Y todo esto sin tener en cuenta el Ramal Sur, que desde el Serrón pasa
por Palencia con su torre de San Miguel, su Bella Desconocida (la
catedral), su calle Mayor o la estatua del Cristo del Otero que domina la
ciudad. Camino de Valladolid es imprescindible hacer un alto en
Villamuriel y en Dueñas, ciudad llena de encanto, dónde se recuerda un
fugaz paso de Napoleón. Y todo esto sin contar con Valladolid, antigua
capital de la corte, cuna de Felipe II. Su gótico florido es espléndido en
San Pablo y San Gregorio. Es una ciudad repleta de museos y
sugerencias culturales, cuna de literatos y escritores, ciudad moderna y
vital .
A propósito he dejado para el final dos nuevas iniciativas que
pretenden dinamizar la ruta. Por un lado, la próxima inauguración del
Museo del Canal de Castilla en Villaumbrales – se pretende que los
turistas conozcan los pormenores de la construcción, historia y usos del
Canaly
por otro la puesta en marcha por la Diputación de Burgos de
una embarcación en Melgar de Fernamental para dinamizar la ruta. Eléxito del “Antonio de Ulloa” en Rioseco puede servir como acicate para
ofrecer estos nuevos servicios. Y si no estoy mal informado, la
Diputación de Palencia también está implicada en un proyecto similar.
Y todo por el agua. |