La antigua Aldealconde hoy Villanueva del Conde, era hasta hace poco una de las poblaciones menos conocidas de la comarca serrana salmantina de la Sierra de Francia, cuando su núcleo urbano es uno de los más atractivos de los que se pueden visitar por la zona, sin que le hagan sombra los próximos de La Alberca o Miranda del Castañar.
Cuando llegamos a Villanueva, era tiempo de cerezas y medio pueblo andaba por las bancadas y cortinales recogiendo estas deliciosas y dulces perlas frutícolas, que nada tienen que envidiar a las conocidas y afamadas del casi vecino Valle del Jerte cacereño.
Darse un tranquilo paseo por el casar de Villanueva del Conde es toda una delicia, pues su trama urbana es una de las más peculiares y raras de Castilla y León, donde nos llamará la atención el ver que mantiene un cierto carácter defensivo, aunque no tenga muralla, ya que el caserío de la villa se dispone en un recinto cerrado de forma poligonal, dejando en su interior un amplio espacio libre ocupado por los huertos familiares, a los que sólo se puede acceder desde el interior de las casas. Esta curiosa disposición urbanística existe desde los orígenes de la población, habiendo sido respetado hasta los tiempos actuales, lo que demuestra que en el pueblo no existió nunca ninguna intención especulativa.
Villanueva del Conde consiguió el título de villa en el siglo XVIII, habiendo formado parte en época medieval - como otras villas de su entorno - del señorío y Condado de Miranda del Castañar. Su población habitual no llega a los trescientos habitantes, pero es uno de los pueblos con mayor oferta de alojamientos de turismo rural de esta bella comarca salmantina. La iglesia parroquial barroca, adornada con potente espadaña, se instala en la espaciosa y diáfana Plaza Mayor del pueblo. Dentro de ella podremos contemplar un excelente retablo mayor barroco y la pequeña imagen del Cristo de Villanueva. Pero insistimos, el atractivo de Villanueva está en recorrer sus soportales de megalíticos pilares de granito, penetrar en sus callejas y buscar los rincones donde contemplar las balconadas, miradores y voladizos de uno de los modelos de arquitectura más tradicionales y singulares que todavía se conservan en esta privilegiada zona salmantina; donde la naturaleza no le va a la zaga, pues sus entornos naturales están dominados por una feraz naturaleza de sotobosques de robles y castaños que comparten espacio con las jaras, dueñas y señoras estos paisajes naturales.
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