adisac



“Las Luminarias” de Escobar de Polendos

Como lo llevan haciendo desde hace más de cuatro siglos, los vecinos de la localidad segoviana de Escobar de Polendos volvieron a prender las luminarias la noche del pasado 14 de agosto, víspera de la Virgen de la Asunción. La tradición ha resistido un año más y lo seguirá haciendo como hasta ahora, aunque para ello haya tenido que sortear algún que otro obstáculo como el que vivió el anterior verano. La prohibición de encender fuego al aire libre durante el estío, dictada en 2005, a punto estuvo de impedir que este emotivo momento se volviese a repetir. Pero los vecinos pelearon para que una de sus más arraigadas y características costumbres perdurase y al final lo consiguieron.

Éste 14 de agosto las hogueras han vuelto a marcar el camino a la Virgen de la Cuesta en su traslado a la iglesia de San Nicolás desde su ermita, donde mora durante todo el año y a la que de nuevo regresa en procesión el 15, que aunque es el día grande, es una fiesta más reducida a los vecinos e hijos del pueblo frente a las decenas de personas que cada noche del 14 de agosto se acercan hasta Escobar de Polendos. Lo que hace cuatro siglos comenzó haciéndose como necesidad ante la falta de iluminación para poder ver durante el traslado de la imagen hasta el pueblo, ha ido convirtiéndose en una arraigada y popular tradición.

La Virgen de la Cuesta, que recibe el nombre de la ladera donde está situada su ermita, vigila allí, desde lo alto, a su pueblo. Puntual a su cita, al anochecer, la Virgen sale de su morada al compás de la dulzaina y el tamboril, que irá acompañando su paso sin descanso hasta llegar a la plaza del pueblo. Muchos están allí arriba con ella y van a su lado todo el camino o bailando la jota delante suya; otros la esperan abajo, al pie de la ladera o junto al puente del río Polendos. Prefieren no perderse esa maravillosa estampa con la ermita allá arriba, a lo lejos, mientras las luminarias van encendiéndose al paso de la Virgen, entre tanta oscuridad. Pero en los ojos de todos y cada uno de los que allí se encuentran hay reflejado fuego y emoción. El fuego de las hogueras que resplandecen y chisporrotean al compás de la dulzaina, y la emoción de ver la cara de la Virgen una vez más, tan llena de ternura y belleza iluminada.

Durante todo el camino la imagen es portada por las mujeres y custodiada por los hombres que llevan los faroles y las insignias de la cofradía. Los jóvenes, van prendiendo la paja de centeno depositada en los agujeros hechos a cada lado del camino, separados cierta distancia, para después quedar apagada cada hoguera a medida que va avanzando la comitiva y dejándolas atrás.

Pregunto a la gente del pueblo si siempre se ha hecho de la misma forma y me dicen que no. Antes, se hacía  previamente una quema controlada y ese día se colocaban paquetes de paja a lo largo del camino, pero hace varios siglos se llegaba a prender toda la ladera de la ermita. “Lo que más echo en falta es la luminaria más grande, la que se hacía en el puente sobre el Polendos” me dice Pepin, Juez de Paz y organizador de los preparativos. Quiero ver de cerca las insignias y uno de los portadores me dice con orgullo, “éstas tienen tantos siglos como la cofradía, con que…”

 Y es que en Escobar de Polendos sigue existiendo esta forma de organización religiosa; es la Cofradía de Nuestra Señora de la Cuesta, cuyos libros aún se conservan como un valioso tesoro, pasando de unos mayordomos a otros para su cuidado. Muestran detalles muy curiosos de la organización de la fiesta, como la Junta celebrada el día de Santa Ana, 26 de julio, en que se tomaban unos acuerdos que eran iguales todos los años: “...se celebre la función que acostumbra a hacer esta Cofradía el día de la Asunción de Ntra. Sra. con la solemnidad acostumbrada de misa y de sermón en la ermita de la Cuesta teniendo prevenidas las danzas para que acompañen la procesión y demás festividad que solicitarán los referidos comisarios como es su obligación con apercibimiento de que de lo contrario serán castigados, debiendo para ello tener con tiempo prevenido los mayordomos el instrumentero”. En esta Junta de Santa Ana se reafirmaban los cargos que quedaban nombrados desde el año anterior en el Cabildo de todos los hermanos, celebrado el día de San Roque, el 16 de agosto. Los cargos eran los siguientes: los jueces, la máxima autoridad, representada por los mayordomos del año anterior; los mayordomos, encargados del dinero, de recoger las cuotas de todos los hermanos (llamado “rodeo”), las rentas de la tierra, las multas o penas por faltar a la fiesta, pagar los gastos de la fiesta, etc.; los comisarios de danzas, eran los encargados de tener a punto las danzas para la fiesta; y los contadores, que debían revisar las cuentas presentadas por los mayordomos.

La Cofradía de la Cuesta, en el siglo XVIII, era una hermandad a la que no sólo pertenecían los vecinos de Escobar, sino que aparecen cofrades de los pueblos de alrededor, llamados “forasteros”, sobre todo de Pinillos y Cantimpalos, dada la proximidad. En repetidas ocasiones se hace alusión a “danzantes y danzantas”, lo cual choca con lo tradicional, que era que las danzas las ejecutaran los hombres. También llama la atención la indumentaria que se detalla, las libreas en las que aparece guarnición de oro, sedas, tafetanes y otras telas, además de cascabeles.

Existe una anécdota curiosa que se refleja en el libro correspondiente en esa fecha y que mucha gente del pueblo lo ha escuchado alguna vez a sus mayores. Fue en 1782, durante la política reformista de Carlos III, en que éste monarca mandó suprimir las danzas en las procesiones. Ese año tan sólo se hizo una danza, y en el libro aparece de la siguiente forma: “se dispuso que sólo haya la de las niñas que será de cargo de los comisarios el buscarlas”. La música, por las referencias que se encuentran, era una sola persona, el “instrumentero”, término que aparece hasta 1825.

Con el tiempo muchas de estas cosas han cambiado, como suele suceder en casi todos los pueblos pequeños, donde la población es generalmente mayor y apenas hay gente joven que continúe con las tradiciones. Hoy, la mayor parte de los cargos de la cofradía han desaparecido, tan sólo quedan los mayordomos, que se siguen eligiendo cada dos años. Me cuentan con nostalgia que antes éstos se elegían de entre las últimas parejas que habían contraído matrimonio, ahora normalmente no las hay y los mayores tienen que repetir en sus funciones. Ya hace muchos años que desaparecieron las danzas y algunas otras costumbres de la fiesta han ido cambiando y adecuándose a los nuevos tiempos.

Por suerte algunas se mantienen intactas y con el paso de los años se van transmitiendo de unas generaciones a otras, como las tradicionales luminarias que utilizan el fuego como elemento principal lleno de simbolismo. De una forma u otra, éste simbolismo se repetirá año tras año en este pequeño pueblo, en el que las luminarias son el elemento que da personalidad a la fiesta, que la hacen diferente a la de otros lugares, y crea un sentimiento de identidad en los habitantes de Escobar de Polendos.

pdfVersión en pdf imágenes en zip

 

   


Aviso de Privacidad
© Tres Turismo y Comunicación