Cualquier disculpa es buena para irse a pasar el día a la agradable población salmantina de Béjar, excelente punto de partida para realizar excursiones por la sierra del mismo nombre, uno de los sectores más atractivos del gran nudo montañoso de la Sierra de Gredos; o si somos más urbanitas, visitar su empinado y alargado casco urbano, donde hay mucho que ver, pues su dilatada historia ha dejado recuerdos regados por todo su núcleo histórico y fuera de él.
Béjar fue castro vetón, colonia romana, bereber y ciudad medieval, donde convivieron en perfecta armonía durante varios siglos, cristianos, judíos y musulmanes, para posteriormente convertirse en emporio pañero y textil hasta casi llegados nuestros días. Su antiguo y doble perímetro amurallado encierra dentro de él huellas de todo este pasado. Un buen punto de partida para visitar la histórica población de Béjar, lo será su Plaza Mayor, donde veremos los edificios renacentistas (s.XVI) de su Ayuntamiento, el Palacio del Duque de Béjar (Palacio Ducal) con su bello patio renacentista que hoy ejerce como Instituto de Enseñanza Secundaria y la iglesia del Salvador que fuera casi destruida en la Guerra Civil española. Sin alejarnos muchos podremos también ver la iglesia de San Juan conocida como La Antigua que fue románica, la de Santiago y la de Santa María la Mayor, al lado de la cual se localiza el Museo Judío, uno de los tres con los que cuenta Béjar: el del escultor Mateo Hernández y el Municipal que aloja el legado de Valeriano Salas.
Pero Béjar tiene una mayor oferta, sobre todo si recorremos su Calle Mayor, eje de comunicación entre la zona antigua y moderna de Béjar, donde se aloja la zona comercial de la ciudad y donde podemos contemplar algunos edificios emblemáticos de las familias que conformaban la antigua burguesía industrial de la villa, adornadas con sus características galerías acristaladas.
Un rincón bejarano que el viajero no ha de dejar de visitar, es el cercano paraje de El Bosque, villa y jardín histórico renacentista que formaba parte de la que fuera residencia de verano del Duque de Béjar, Francisco de Zúñiga y Sotomayor, que lo mando construir en 1567 a la copia y estilo de las villas italianas renacentistas. Dentro de él se conservan no sin esfuerzo y estando muy necesitados de un plan de restauración, los espacios dedicados a residencia donde destaca el palacete decorado con los escudos ducales y las iniciales (FG) del nombre del duque y de su esposa Guiomar de Mendoza, al cual hacen compañía la Casa del Bosquero, la capilla y las caballerizas. En el que era el espacio de recreo nos sorprenderá su gran estanque adornado con un templete neomorisco que reemplazo a otro mas antiguo, los jardines dispuestos en terrazas, los juegos de agua que alimentan a varias fuentes (Sábana, Ocho caños, etc,), un par de imponentes secuoyas, y todo un extenso bosque de robles y castaños, que rodea y da cobijo a este acogedor, romántico y retirado conjunto histórico ajardinado bejarano.
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