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El pastoreo sigue luchando por su pervivencia y continuidad


De un pasado trashumante a un presente incierto, la falta de pastores hace que peligre un oficio que generó un riquísimo patrimonio natural y cultural

Hace un tiempo se informaba sobre la próxima puesta en marcha de un programa de formación y empleo de inmigrantes marroquíes, para la labor de pastoreo en explotaciones de ganado ovino en la provincia de Segovia. Esta noticia pone de manifiesto la situación actual y la problemática con que se encuentra este sector. Durante siglos el pastoreo fue la principal actividad económica de los pueblos serranos de nuestra comarca, pueblos de pastores; hoy, la dureza de la actividad y su diferencia frente a los actuales modos de vida, provoca el abandono y la falta de interés de las generaciones más jóvenes, dificultando su pervivencia. Esta es la realidad, a pesar de que la forma de vida de los pastores ha cambiado considerablemente respecto a una época no tan lejana, en que se veían obligados en muchos casos a trashumar, pasando largas temporadas fuera de casa, normalmente en Extremadura o La Alcudia. El pastoreo y la trashumancia generaron un patrimonio de enorme valor cultural y natural digno de conocer, transmitir y conservar.

Pasado trashumante

Había antes grandes rebaños que hacían necesaria la labor de los pastores, muchos de ellos trashumantes, ya que los inviernos rigurosos de nuestra zona obligaban a buscar tierras más cálidas y verdes pastos. Conducir los rebaños hasta otras tierras suponía dejar sola a la familia durante largas temporadas, desde octubre hasta junio del año siguiente. Una vida dura y sacrificada lejos del calor del hogar, sufriendo calamidades, frío y soledad, las noches largas y los aullidos cercanos. Como compañía, los mastines, verdaderos guardianes del rebaño; como herramientas, el garrote, la onda y la navaja cabritera. Vestidos con el pantalón y la chaqueta de pana, la camisa y los calzoncillos largos de retor “abiertos por su sitio”;calzados con albarcas y “peales” sujetos al pantalón con correas o una cuerda. Comer pan y tocino, unas patatas o sopas hechas con sebo, otras veces migas o caldereta si moría una res. Dormir en chozas hechas con palos y ramas, sobre un lecho de retama y pellejos de oveja, arropados con la manta pastorera.  Y por las noches la guardia turnada del redil para defenderlo de la amenaza del lobo, y la visita inesperada de los “maquis” con sus robos y amenazas. En los meses de abril y mayo se preparaba al ganado para la vuelta, pero al llegar aquí continuaba el trabajo: el apareo y la temporada de pasto en la sierra. Es el recuerdo de nuestros padres y abuelos; cuántas imágenes grabadas de la ida y del regreso, de su larga estancia allí; pero también de la libertad del campo y del cielo estrellado. Recuerdos y anécdotas del pasado que aún hoy nos trasmiten algunos pastores trashumantes, como Aniceto Martín en su libro “Trashumancia” editado por Segovia Sur, Andrés de Orejanilla, Braulio de Matabuena, o con sus más de noventa años de vida, Pedro de El Guijar o Miguel de El Arenal. Pero no todos los pastores trashumaban; el ganado estante aprovechaba los pastos del piedemonte en otoño e invierno y los de la sierra en primavera y verano. Así, podemos encontrar aún en nuestra comarca sur importantes restos de esta actividad, a lo largo de toda la Cañada de la Vera de la Sierra, como chozas, puentes contaderos de ganado, abrevaderos o descansaderos.

Presente y futuro

Ningún rebaño trashuma desde hace unos 40 años. Actualmente los pastores no trabajan de sol a sol, ni tienen que realizar grandes recorridos, y van más preparados para aguantar la lluvia y el frío. Desde luego es un oficio sacrificado, pero permite estar en contacto directo con la naturaleza, siendo si duda enriquecedor en muchos sentidos. Hay en nuestra comarca rebaños estantes, algunos numerosos, pero no suficientes pastores que los cuiden, encontrando sus dueños verdaderos problemas para contratarlos. Ya no se conoce el ganado como antes, las técnicas tradicionales se extinguen, y no encuentran gente de la zona que quiera pastorear, recurriendo normalmente a inmigrantes a los que previamente hay que formar y que después se marchan al poco tiempo para buscar otro trabajo. Pero no es este el único problema al que se enfrenta este sector, y como nos cuenta Segundo de El Guijar, uno de los pocos jóvenes de la comarca que se dedica a la ganadería ovina, ya no se puede pastar con los rebaños libremente por el peligro de herbicidas y pesticidas, teniendo que alimentarlos también con pienso. Precisamente en el momento actual, éste tiene un precio muy elevado en contraste con el de los corderos que se ha abaratado, no resultando demasiado rentable. También se traen corderos y leche de fuera, lo cual no ayuda a promocionar los productos de la tierra, que además se pagan más baratos. También de actualidad están los ataques de los lobos a los rebaños, cada vez más frecuentes, como ha sucedido últimamente en Cabanillas del Monte. Cada vez se ve a estos animales más cerca de los pueblos, atacando incluso a plena luz del día. Los ganaderos piden una solución a la Junta de Castilla y León, ya que al ser una especie protegida no se puede matar. De momento no hay respuesta.

Las Cañadas

Desde 1273 en que Alfonso X fundó La Mesta, el fenómeno de la trashumancia supuso un hecho relevante desde el punto de vista social, económico y cultural. A partir de entonces Segovia se convirtió en la más importante encrucijada de la trashumancia castellana, que alcanzó su máximo desarrollo a lo largo de todo el piedemonte de la sierra. La Cañada Real Soriana-Occidental, conocida en su tramo segoviano como Cañada de la Vera de la Sierra, atraviesa la comarca sur de noreste a suroeste,  desde Arcones hasta Villacastín, cruzándose con la cañada Real Leonesa-Oriental en el Campo Azálvaro. La Cañada de la Vera de la Sierra tiene, dentro del territorio de Segovia Sur, un recorrido de 87 km., pasando por 20 de sus pueblos y con un total de más de 500km. con cordeles, veredas, coladas y pasos. Se encuentra en buen estado de conservación, gracias a que atraviesa zona de monte, donde es más difícil la usurpación de terrenos. Aún así hay algunos tramos en que se pierde por completo o se estrecha considerablemente, pero todavía se usan estas vías pecuarias para realizar con los rebaños recorridos cortos, normalmente entre términos. También se abren nuevas posibilidades: un rico patrimonio de gran valor ecológico y cultural para ofrecer como producto educativo y turístico, siempre desde la conservación y el respeto.


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