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Romería de “Nuestra Señora de las Vegas” en Requijada


En Requijada, anejo de Santiuste de Pedraza (Segovia), se celebra esta romería los días 7 y 8 de septiembre, Natividad de Ntra. Sra. Es la Fiesta de “La Ofrenda” en honor a Ntra. Sra. de Las Vegas, patrona de la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza. Esta fiesta comarcal atraía a una gran cantidad de gente en romería hasta el templo de Ntra. Sra. de las Vegas.

En las obras de restauración del templo y al trasladarse la imagen a Reguijada, donde continúa por motivos de seguridad, dejó de celebrarse, hasta hace unos años en que se ha recuperado la fiesta en el propio santuario.

Madoz informaba que aquella romería “se ve muy concurrida por la gente de los pueblos limítrofes”.

 Es la “fiesta de la Ofrenda” que  hacían las gentes y pueblos por la gran devoción a Santa María de las Vegas, cuyo favor pedían en las calamidades públicas y en particular en épocas de sequía.

En siglos pasados debía ser un verdadero acontecimiento religioso, tanto por la grandísima afluencia de gentes de todos los pueblos de alrededor y otros aún más lejanos que acudían a pedir a la Virgen que intercediera en la solución de sus problemas o en la curación de sus enfermedades, como por la unción religiosa de los romeros.

Consta que eran tantos los que se acercaban a comulgar, que no era suficiente el religioso que se llevaba para las confesiones, habiendo constancia posteriormente de que se llevaban dos y hasta tres religiosos en algunas ocasiones. Éstos solían ser del convento de Ntra. Sra. de la Hoz y se les daba de limosna una fanega de trigo o dinero.

La ofrenda que ese día hacían a la Virgen sus devotos era bastante considerable, dando dinero, corderos y trigo, llegando algunos años a 46 fanegas. Para guardar el trigo de la ofrenda se llevó en 1708, un arca grande del pueblo de Sebúlcor, pero como era insuficiente, más adelante se mandó hacer una panera donde guardarlo.

Los gastos de la fiesta eran también numerosos. Por los Libros de Cuentas nos damos una idea perfecta de lo que era la fiesta: misa solemnísima con innumerables comuniones, sermón a cargo de uno de los religiosos y procesión vistosísima con la imagen de la Virgen, amenizada con la música de dulzaina y tamboril, típicos de la tierra segoviana y las preciosas danzas que no faltaban para honrar a Ntra. Sra.

Había varias danzas que formaban parte en la Ofrenda, de alguno de los pueblos de la Tierra de Pedraza: Torre Val de San Pedro, Santiuste de Pedraza, Navafría, etc., o de algún otro que sin ser de la Tierra quería festejar a la Virgen de las Vegas, como sucedió por ejemplo en 1666, que hubo una danza de la villa de Caballar. Todo ello entre el volteo de campanas y el estallido de cohetes, que en el siglo XVII eran ya corrientes en nuestras fiestas.

Esto era la fiesta religiosa y en cuanto a la profana, el mayordomo ofrecía la comida a los curas, religiosos, sacristanes y danzantes, en la casa que había al lado de la ermita. Los romeros comían en torno a la iglesia y bajo los olmos; a la caída de la tarde los bailes populares y los caminos que se iban llenando de las caravanas que retornaban a sus lugares, despidiéndose hasta el próximo año.

La fama de los milagros obrados por esta santa imagen hacía que la gente y los pueblos recurrieran a ella en sus necesidades.

En los “Prodigios de Ntra. Madre de Las Vegas” escritos al final del Libro de Cuentas, se cuentan algunos milagros, principalmente el riego de los campos sedientos en varias ocasiones.

El culto en el siglo XVIII se reflejaba en las misas que se solían decir aparte de las funciones. Estas misas eran aniversarios y capellanías, y también de acción de gracias por favores recibidos.

De la misma forma siguió el culto en el siglo XIX y puede decirse que continúa en la actualidad, aunque el número de misas ha ido disminuyendo hasta llegar a ser hoy día, exceptuando las de las fiestas, poco menos que nulas.

La devoción fue decayendo progresivamente y esto se tradujo en una disminución de la ofrenda y por tanto una obligada disminución de los gastos. Sólo una vez revivió su esplendor antiguo; fue con motivo de la terminación de nuestra guerra. En 1937 se subió la Virgen a Reguijada y no se bajó hasta después de la victoria.

En la actualidad la fiesta no se celebra de la misma manera que se hizo en todos los tiempos. Por la mañana misa con tan sólo la asistencia de los vecinos de Requijada, sin religiosos, confesores ni curas del contorno.  Después de la misa, la soledad.

Antes, los vecinos de Requijada comían en torno a la iglesia entremezclados con los romeros que iban desde otros lugares, luego terminaron por quedarse solos y finalmente van a comer a sus casas. Por la tarde regresan y es cuando acude alguna gente del contorno. Tiene lugar la procesión, que aunque sigue llena de fervor religioso, no tiene ya los signos externos que la dieron tanta vistosidad: la concurrencia, las danzas, los remates, etc.

 

Quizá vuelva algún día a vivirse esta romería como se hizo en el pasado. Depende de nosotros mismos, de nuestro interés y preocupación por recuperar el valor que en el pasado tuvieron estos encuentros que hoy nos dejan nostalgia.

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