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Candelario: Serrano y chacinero. (Salamanca)


Recorrer y visitar la salmantina Sierra de Candelario es siempre un placer para los sentidos, incluido el del gusto, y si nuestra sensibilidad va más allá, perderse por algunas de las pequeñas poblaciones que se descuelgan por sus laderas puede ser toda una sublimación, pues en muchos de ellos veremos como la arquitectura más tradicional, ha sabido adaptarse al paisaje y a la agreste orografía que les rodea y da cobijo.
            La pequeña población de Candelario es uno de estos ejemplos. Situada a escasos cuatro kilómetros de Béjar y ya por encima de la cota de los mil metros de altitud, sorprenderá al visitante con la disposición singular de su caserío, el cual trepa ordenada y desafiantemente por la empinada ladera de la montaña, mientras por sus calles principales y paralelas discurren cantarines los canalillos de aguas cristalinas de las “regaderas”, genial sistema de conducción hidrológico que facilitaba y conducía las aguas del deshielo de las nieves en invierno, daba salubridad al pueblo todo el año y atemperaba los calurosos días del verano.
            Sus imponentes casas de tres y cuatro plantas, cuyo ultimo piso se adorna con balconadas corridas y grandes aleros, nos recuerdan que estamos ante unas singulares construcciones conocidas como “casas chacineras”, pequeñas factorías familiares donde durante varios siglos se vivió del curado y preparado de la carne de cerdo y de sus derivados, lo que dio fama a la villa y a los productos que de ella salían. Sus famosas “batipuertas”, no eran otra cosa que una sobrepuerta de media hoja que permitía la entrada de la luz al zaguán de la casa donde se preparaban las chacinas, a la vez que ejercían de mostrador, escaparate e impedía el acceso a curiosos y otros animales que pudiesen dar buena cuenta los productos que allí se preparaban.
            Cualquier rincón del casar de Candelario es una postal. El mejor punto de partida para iniciar su recorrido será la Plaza del Humilladero y desde allí ascender tranquilamente al interior del núcleo urbano, a la búsqueda de la Cuesta de la Romana, camino del Ayuntamiento y de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, o de la Plaza del Solano y El Chorrillo ya en la parte alta del pueblo.
            Ascendamos por donde ascendamos, al fondo siempre tendremos la corrida silueta de la Sierra de Candelario, farallón rocoso que esconde paisajes de gran diversidad, enriquecidos por las numerosas corrientes de agua que se deslizan desde los circos glaciares y valles montañosos de esta parte de la Sierra de Gredos salmantina.
            Castañares, robledales y pinares comparten el medio con nutridas alamedas, fresnedas, abedulares y toda suerte de especies de menor porte que configuran un valioso sotobosque donde habita el gato montés, la garduña, la jineta o el tejón, así como el vistoso pechiazul que alegra con sus cantos la floral primavera serrana. Por todo esto, no ha de extrañarnos que recientemente la UNESCO haya declarado a la Sierra de Candelario Reserva de la Biosfera.

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