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El Castroverde de Campos, en tierras de Zamora

La Tierra de Campos zamorana acoge un buen número de pequeñas poblaciones, muchas de ellas desconocidas, que si bien no destacan por su importancia poblacional, si pueden hacerlo por alguna singularidad que las diferencie de otras poblaciones de su entorno.

            Este es el Caso de Castroverde de Campos, pequeña población zamorana situada en la más absoluta y horizontal comarca de la Tierra de Campos, que se localiza al norte de Villalpando del que dista poco más de quince kilómetros. Las viejas crónicas nos dicen que fue lugar repoblado en los primeros siglos de la Alta Edad Media, aunque el origen de su nombre “castrum viride” hace referencia a que posiblemente el lugar ya estuvo poblado en época romana. Sus fueros de villazgo no le fueron concedidos a Castroverde hasta el siglo XIII, cuando el rey leones Alfonso nono le reconoció como tal.

            Hoy a Castroverde le cuesta superar la tasa de los cuatrocientos habitantes, pero está claro que en épocas pasadas fue mayor su población, pues tuvo tres iglesias y hasta un convento franciscano. De aquellas antiguas parroquias, casi todas edificadas en el siglo XIII solo está abierta al culto la de Nuestra Señora del Río de torre chapitelada, que conserva una imagen entronizada de la Virgen acompañada por el Niño de gran belleza, así como otra imagen del Cristo de las Aguas, que según cuenta la tradición fue rescatada del cercano río Valderaduey y traída al pueblo con gran devoción.

            La iglesia de San Nicolás, cuya advocación recuerda en algo a los peregrinos del Camino de Santiago, en la actualidad está cerrada al culto, pero todavía se puede ver que fue un edificio mudéjar que adorna su crucero con un buen artesonado de par y nudillo de aquella época (s.XIV). Muchas de las imágenes que adornaban esta iglesia, hoy se pueden contemplar en la ya mentada de Nuestra Señora del Río.

            De esta villa terracampina era natural Diego de Ordáx, hombre de confianza de Hernán Cortés, que participó con éste en la conquista de México y que fue el primer explorador que cursó el río Orinoco, y al que se recuerda con un busto en la Plaza Mayor del pueblo, frente por frente al edificio del  Ayuntamiento, que se adorna con un buen campanil de forja.

            Pero a parte de todo lo aquí descrito, diremos que en Castroverde de Campos se pueden contemplar - por los alrededores del pueblo - algunos de los mejores y más originales ejemplares de palomares o palomeros de tejados a cuatro vertientes entre paravientos, que decoran sus cumbreras con bellas cenefas y celosías de ladrillo; y ésta es una de las originalidades que algunas veces pasan desapercibidas a muchos viajeros, que en realidad aporta cierta singularidad a pueblos que pueden parecer todos iguales, cuando realmente, no lo son. 

 

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