Cuando se mienta Málaga, casi todo el mundo asocia el nombre de esta provincia andaluza a una Málaga costera, de sol y playa, olvidándose o desconociendo que existe una Málaga interior y rural, casi desconocida; que junto con Asturias, es una de las regiones más montañosa de España. La localidad malagueña de Antequera es un buen referente de ello, pues esta población del corazón de Andalucía resume perfectamente todo lo bueno y bello que por estas tierras del interior se puede admirar y disfrutar.
Visitar los alrededores de Antequera, servirá al viajero para hacerse una idea clara de cómo se vive actualmente en la Andalucía rural, pues en ningún sitio como este será mas valido aquello que dijera el infante don Fernando de Aragón: “salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera”. Montañas, campiñas y campos de olivos, más montañas, más olivos, algarrobos, y al fondo el mar, el mar Mediterráneo con su luz, con su clima, con su vida...
Esta tierra privilegiada de Antequera, que ya estuviera bien poblada en época megalítica, como bien lo recuerdan sus famosos dólmenes (hoy visitables) de Menga, Viera y el Romeral, considerados los mejores del mundo, fue colonia fenicia, romana, ciudad musulmana (Madina Antakaria) e importante hito para la reconquista del sur peninsular. De estos cinco mil años de historia Antequera lo conserva casi todo, dicen los antequeranos que es la ciudad con más iglesias por habitante de Andalucía, y no exageran, pues por su bello y bien recuperado casco histórico veremos casi una treintena de iglesias, ermitas, capillas y conventos donde podremos contemplar algunas de las mejores representaciones artísticas de época Renacentista y Barroca, así como un dignísimo Museo Municipal con su estatua broncínea romana del “El Efebo de Antequera”, el Museo Conventual de las Descalzas, el del Caserío de San Benito o el del Aceite de Hojiblanca, aderezo indispensable para saborear los famosos “molletes” de Antequera, producto estrella y complementario de la singular gastronomía antequerana.
A toda esta monumentalidad, hablemos de unir un buen número de palacios y casonas solariegas (cerca de una treintena) repartidas por su casco urbano a las que acompañan - sin desmerecer - un sin fin de viviendas tradicionales del más puro sabor andaluz, muchas de las cuales las veremos cuando ascendamos por sus calles/cuesta camino de la Alcazaba árabe que domina la ciudad.
Y para mejor despedirnos de Antequera, dos visitas obligadas, una a las proximidades de su Peña de los Enamorados, símbolo y lugar de leyenda antequerano, y a poco mas de trece kilómetros el famoso e imponente cataclismo geológico de El Torcal de Antequera, fantasía tortuosa de sombras y volúmenes pétreos creados bajo el sol antequerano.
|