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Mayorga, en el regazo del Cea.

Acurrucada por siglos al regazo del río Cea ve pasar la historia Mayorga, la que hasta no hace mucho tiempo se apellidaba de Campos, pues de esta dilatada comarca castellano leonesa forma parte, y parte importante, pues llego a ser cabecera de condado y mucho antes una de las importantes ciudades vacceas (Maioriga o Meorica) si hemos de cree al historiador romano Ptolomeo. Su término es uno de los de mayor superficie de la provincia de Valladolid y en el viven más de dos millares de habitantes dedicados principalmente a la agricultura, ganadería y algo a los servicios. Pero mucho más poblada estuvo en otras épocas, pues numerosas eran las parroquias que la villa acogía y mantenía, algunas de las cuales ya han desaparecido y de otras quedan temblorosas ruinas. Mayorga también tuvo allá por el siglo XI aljama judía, que convivió con una importante comunidad mudéjar, única responsable de las imponentes iglesias y torres que de esa época todavía pueden verse y admirarse repartidas por su casco urbano.

Pasear visitando Mayorga es de lo más cómodo, y para ello un buen punto de partida lo es su espaciosa y porticada Plaza Mayor, donde formando parte de ella se localiza su iglesia parroquial del El Salvador o de la Asunción, que es de fábrica moderna, aunque dentro de ella se acoge uno de los mejores museos de arte sacro de esta parte de la Tierra de Campos, entre cuyas obras de arte sobresale el antiguo retablo de la iglesia de Santa María de Arbás, con veinticuatro pinturas de excepcional calidad atribuidas al Maestro de Palanquinos que pintara a finales del siglo XV.

Varias iglesias más repartidas por el conjunto urbano de la villa, nos mostraran el importante patrimonio artístico que condensó la historia en Mayorga, a las que hemos de unir su rollo o picota jurisdiccional del siglo XVI, una de las cuatro puertas de su medieval muralla, que fuera edificada en el siglo XV y que se conoce como la puerta del Arco, y el que es - seguramente - el buzón de correos más antiguo de España, pues la piedra que lo acoge conserva la fecha de 1793.

Hablando de fechas, cualquiera es buena para visitar Mayorga, pero si además queremos conjugar la visita con el disfrute de su calendario festivo, recomendaremos no perderse los Carnavales mayorganos, las celebraciones de San Nabor y San Jacinto del 12 de julio, que además a finales de ese mismo mes animan el festival de la “Trovada de Habaneras”; y sobre todos la calificada como festividad de interés turístico nacional de “El Vitor” (27 de septiembre), donde con una procesión cívica de antorchas confeccionadas con pellejos y pez, se alumbra y recuerda la llegada a la villa en 1737 de las reliquias del Beato Toribio Alfonso de Mogrovejo, hijo que fuera del lugar y que llego a ser arzobispo del Perú.  

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