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Ronda... balcón soñado de Andalucía

No se le ocurriría a ningún publicista que se precie de tal, hacer un anuncio para promocionar Andalucía, sin incluir en el mismo algunas imágenes de la ciudad malagueña de Ronda. La grata ciudad de Ronda es un símbolo y una referencia obligada  para todo aquel que quiera hablar o decir algo sobre la Andalucía del interior.

            Ronda es un hito español y andaluz que ningún viajero a debe pasar por alto, si quiere presumir de que conoce esta singular región española. Y es que muchos han sido los viajeros que a través de la historia, han visitado y referenciado en sus escritos las personales vivencias que les llegó a inspirar esta antigua ciudad rupestre malagueña.

            Rainer Mª Rilke dijo de ella, que “era un lugar encumbrado fantástico y heroicamente ahí sobre las rocas, en medio de un amplio circulo de montañas”. Y es cierto, pues Ronda nos es más que eso, que ya es bastante, un balcón soñado desde el cual se puede ver y contemplar la singularidad y diversidad cultural que tiene Andalucía.

            La historia de Ronda es tan vieja, como la de las montañas sobre las que se asienta. La “ciudad soñada” de Ronda es una y a la vez son muchas, pues recorriendo su extraordinario casco histórico veremos desperdigados por él vestigios romanos, visigodos, nazarís, renacentistas, barrocos y modernistas. Todo un crisol de culturas representadas en sus iglesias barrocas, sus murallas de la Albacara con sus puertas, el alminar de San Sebastián que fuera antigua mezquita, la Alameda del Tajo donde se localiza uno de los mejores miradores de la ciudad, la Casa del Moro con sus jardines, el Palacio de Montezuma, los baños árabes, los Jardines de Cuenca, el palacio nazarí de la Casa del Gigante, la iglesia de Santa María la Mayor, y la modernista Casa de Don Bosco, otro de los excelentes miradores de la ciudad.

            Pero Ronda es sobre todo conocida por la estampa mil veces reproducida de sus puentes de vértigo, pues dos son los que vuelan sobre las aguas del río Guadalevín que divide a la ciudad en dos con su conocido “tajo”. Por un lado veremos el casi descocido puente viejo árabe, muy cerca de la antigua puerta de Felipe V, y por el otro, el que se ha convertido en el símbolo de la ciudad, el conocido con Puente Nuevo, imponente construcción barroca del siglo XVIII que sigue uniendo - mientras desafía a la gravedad - la Ronda histórica con la Ronda romántica, torera, modernista y actual. Todo un lujo para los sentidos de cualquier viajero que se anime a visitarla. 

 

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