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Grazalema. En el corazón de la Sierra de Cádiz

Situada al noroeste de la provincia de Cádiz, Grazalema la Gran Zulema árabe, apoda con su nombre no solo a toda una amplia comarca serrana gaditana, sino también al primer Parque Natural que se creó en Andalucía.

Esta bella villa serrana gaditana, dicen que es el lugar más húmedo de España, pues sus precipitaciones anuales superan a las de la gallega Santiago de Compostela, considerada desde siempre el “orinal de España”. Y algo tiene que haber de cierto, pues mantener como mantiene sus paisajes siempre verdes, hace suponer que de alguna forma se han de regar.

Al aproximarnos a visitar su caserío veremos que se emplaza sobre una bancada natural que desciende por la ladera de la Sierra del Endrinal, dando casi vista al Valle del Guadalete, mientras que por su parte Este se abre generosa hacia la Sierra malagueña y rondeña de las Nieves. A la parte Oeste y también formando parte de su territorio se localiza la Sierra del Pinar, que con sus 1653 metros de altitud es el punto más alto de la provincia de Cádiz. Esta Sierra es famosa por sus “pinsapares”, bosquetes conformados por una singular especie de pino que es considerado como el más antiguo de Europa, pues perdura en estas sierras desde la última glaciación alpina.

Los orígenes de Grazalema son prehistóricos, fue establecimiento militar en tiempos de Escisión y colonia romana, para en el año 1485 ser reconquistada a los árabes por el Duque de Arcos. A partir del siglo XVII tomó un gran auge económico, gracias a la industria de pañería que producía las famosas y conocidas mantas de Grazalema.

Si recorrer los parajes naturales de la Sierra de Grazalema es un deleite para los sentidos, otro tanto lo será darse un paseo por el viejo casar grazalemeño. Disfrutar de la placidez en algunas de las terrazas que se instalan en la Plaza del Ayuntamiento, visitar la ermita del Santo, recorrer sus calles encaladas, mientras contemplamos la monumentalidad de algunos de sus templos barrocos repartidos por el casco urbano de la villa, como la iglesia de Nuestra Señora de la Aurora, la de San José que fuera un antiguo convento carmelita, la de San Juan que fue la antigua mezquita musulmana y la de nuestra Señora de la Encarnación, que casi fue arrasada en la Guerra de la Independencia.

Y si después de este recorrido, los aires serranos nos han abierto el apetito, no preocuparse, pues la gastronomía grazalemeña nos dará cobertura sincera. Merecerá la pena probar sus sopas de grazalema y de espárragos, el cordero o venado al horno, y como postre la tarta de bellotas o sus amarguillos... todo ello rico, rico, como para chuparse los dedos.

 

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