Situado en el punto más extremo de la provincia de Palencia en el corazón de la Montaña Palentina, y donde esta casi forma parte de Cantabria se localiza el pequeño pueblo de Piedrasluengas, cuyo nombre es más grande que su caserío y que a la vez apoda a un conocido puerto de montaña y mejor mirador sobre uno de los valles más bellos y atractivos de Cantabria, el Valle de Liébana.
Piedrasluengas forma parte de uno de los municipios más grandes de la provincia de Palencia, el de La Pernía, cuya capitalidad la ostenta San Salvador de Cantamuda, del cual dista escasamente catorce kilómetros. El pueblo lo conforman poco mas de media docena de casas a las que hace compañía su pequeña iglesia, las cuales se desparraman por la ladera sur de la montaña emblemática de este territorio, la cumbre de Peña Labra de más de dos mil metros de altura, un verdadero mojón geológico, que delimita la Meseta Castellana de la Cantabria más montañesa.
El Mirador de Piedrasluengas se localiza unos metros por encima del pueblo del mismo nombre, ya a más de 1300 metros de altitud, formando parte del puerto de montaña por el cual discurre la carretera que une la norteña y palentina villa de Cervera de Pisuerga con la montañesa y cantabra de Potes.
Es sin lugar a dudas uno de los rincones más espectaculares de esta parte de la cornisa Cantábrica, pues desde él dominaremos una de las mejores panorámicas sobre el imponente nudo montañoso de los Picos de Europa, donde podremos contemplar las cumbres más representativas que conforman sus tres grandes macizos. Casi cien kilómetros de una barrera montañosa, que partiendo desde el borde más septentrional de la Meseta, se deja caer – casi vertiginosamente – en la aguas del mas Cantábrico.
Los parajes naturales que rodean a este entorno de Piedrasluengas no le van a la zaga, profundos valles se excavan a sus pies. El valle de Liébana y Polaciones por su parte norte, y los de Pernía y Redondo por su zona sur. Entre medias, un buen número de sierras adornan y embellecen estos verdaderos paisajes montañosos, la Sierra de Peña Labra y Tres Mares, Sierras Albas y Peña Sagra, que acogen entre sus pliegues geológicos rincones boscosos casi mágicos o fantásticos, donde la nieve protectora se instala todos los inviernos, cubriendo con su manto, lo que en primavera y verano será un derroche de vida y frondosidad.
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