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La tradicional fiesta de los quintos en los pueblos de Segovia

Antes, los jóvenes que cumplían los 18 años, tenían que alistarse para hacer el servicio militar, y a pesar de lo negativo que esto representaba, celebraban la “fiesta de quintos”.

Esta fiesta en la provincia de Segovia, tiene varias formas de manifestarse, y también varias fechas. Normalmente se celebra coincidiendo con las Candelas (el 2 de febrero), el día de San Blas (el 3 de febrero), la noche del 30 de abril cuando plantaban el “mayo”, o coincidiendo con las fiestas del pueblo.

En Otero de Herreros la fiesta de los quintos se celebra en enero. Cada día consta de una serie de rituales propios, que tienen vigencia en la actualidad.

Lo primero que se hace es preparar el local del ayuntamiento, donde van a reunirse, en cuya fachada pondrán sus propias pintadas, después de tapar las del año anterior.

En esta fiesta hay quintos y quintas (que antes tenían 20 años, después 18) y acompañantas y acompañantes, que tienen un año menos.

La fiesta comienza cantando la Salve en la iglesia; después los quintos y acompañantes comienzan un recorrido por el pueblo y las chicas se van a casa. Las mozas a las que se va a rondar son las quintas y acompañantas. Al día siguiente es el “día del aguinaldo”; los quintos recorren las casas del pueblo, donde se les da bollos, bebida, y también algo de dinero.

El día siguiente es el “día de las cintas”. Lo primero que hacen es preparar unos palos largos como los de colgar chorizos y se va a buscar la gallina. Cada participante ha de tener preparada la suya. Atan las gallinas que les dan a los palos, con la cabeza hacia abajo. Las pobres van siendo objeto de todo tipo de diabluras, como abrirles el pico y echarles vino o anís. Cuando las tienen todas recogidas van a un prado y las sueltan. Las gallinas comienzan a deambular mareadas. Ellos empiezan a darlas trancazos con palos y garrotas, con objeto de decapitarlas, y después comerlas en la cena.

Después de comer, los quintos van en busca de caballos para “correr las cintas”.  La gente se los suele dejar, y los acompañantes buscan burros.

En la llamada “Cuesta de las Escuelas”, se cruza una soga entre dos casas y se anudan a ella unas cintas de colores. Ellos tienen que pasar a caballo y tirar de las cintas, que se sueltan con facilidad. Con las cintas  se adornan el pelo, se las ponen en el pecho o se las dan a las quintas. Éstas a su vez, regalan un puro a cada quinto, muy bien adornado y que estos guardan como recuerdo. A la cena de las gallinas acude toda la juventud, pero éstas dan para mucho y aún se reunirán al día siguiente para acabarlas.

Tradicionalmente las “carreras de gallos” eran las que tenían lugar en los pueblos con motivo de la fiesta de los quintos. Los gallos se colgaban cabeza abajo de la soga, y a caballo, los mozos debían arrancarles la cabeza a su paso. Esto tenía un simbolismo muy antiguo, es la autoridad y el poder representado por la figura del gallo, y también la cabeza tiene un significado sexual.

En algunos pueblos como Otero de Herreros, antiguamente se colgaban de la cuerda gallinas, no gallos, pero debió de parecer cruel el festejo y se sustituyó por matarlas a trancazos mientras corren por un prado borrachas. No sé qué será más cruel.

Desde hace ya unos años se ha prohibido también la matanza de gallinas. En algunos pueblos se siguen haciendo estas carreras, pero con los animales ya muertos. No deja de ser, a mi modo de ver, un espectáculo dantesco. Lo que sí hacen los quintos ahora, que también sucedía antes, es ir de noche por los corrales intentando llevarse lo que pillan. Mucha gente les da una gallina, con tal de que no entren y destrocen todo.

En muchos sitios se sustituyeron las carreras de gallos por las antes mencionadas “carreras de cintas”. Los quintos por la mañana recogían las cintas que les habían confeccionado sus novias o hermanas. Estaban bordadas a mano con una dedicatoria y tenían una anilla a un lado. Éstas eran las que se colgaban en la soga para cogerlas en las carreras a caballo.

En Cantimpalos era costumbre que la cinta de la novia, que era blanca, no se colgara de la soga como las demás y se llevaba colgando del sombrero.

Esa noche se hacía una gran lumbre y se cambiaba la tablilla que estaba en el ayuntamiento con los nombres de los quintos anteriores. Era costumbre que las mujeres por la mañana fueran a coger las ascuas de la lumbre de los quintos, para el brasero.

En algunos pueblos, esta fiesta de los quintos ha perdido todos estos rituales que la componían antiguamente, pero por suerte, en otros aún se sigue encendiendo esa hoguera e incluso corriendo las cintas.

No obstante ya no tiene esta fiesta los mismos rasgos que la componían, ya que las situaciones han cambiado, y antes, el hecho de ser quintos, implicaba tener que alistarse en la mili, y ausentarse de casa durante esos largos años, a cuya vuelta, el mozo ya era considerado a todos los efectos, un hombre.

Eran despedidas tristes para las madres y novias de los quintos, y éstos se despedían de su situación para pasar a otra nueva, de mozo a hombre.

 

 

 

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