Una celebración importante en el calendario festivo de nuestros pueblos, con una simbología especial y una protagonista indiscutible, la mujer.
El día 5 de febrero es el día de Santa Águeda, una celebración muy común en todos los pueblos segovianos, que a partir de su origen religioso, se convierte en todo un acontecimiento festivo y una tradición popular. El origen religioso está en la devoción de las mujeres casadas y lactantes, que la tienen como patrona y la piden les cuide los pechos y tengan leche suficiente para alimentar a los niños; sin embargo la fiesta tiene una serie de connotaciones paganas importantes.
Aunque esta celebración tiene especial importancia y arraigo en Zamarramala, en todos los pueblos de nuestra comarca se comparten los principales rasgos de la fiesta, aunque existen desde antiguo costumbres que varían levemente de unos pueblos a otros.
Es la fiesta por antonomasia de las mujeres, este día “mandan ellas”. Las mujeres elegidas para la celebración de cada año, llamadas aguederas, son nombradas o “echadas” el año anterior, así como las dos alcaldesas que portan la vara de mando, antiguamente llamadas en algunos pueblos “mayordomas”. Estas mujeres tienen que cumplir unos requisitos: estar casadas y vinculadas al pueblo donde se celebra, bien porque hayan nacido allí o porque estén casadas con algún vecino, aunque en algunos pueblos pequeños por falta de gente, suelen celebrarlo en general todas las mujeres. La fiesta dura en algunos lugares varios días, pero el principal de la fiesta suele ser el domingo posterior al día 5; en Zamarramala se celebra durante cuatro días seguidos. Las aguederas portan el traje típico segoviano, llevando las alcaldesas además una serie de complementos como son la toca, la montera, las joyas o la vara de mando, entre otros, que tienen una simbología muy compleja y connotan poder y autoridad, belleza, riqueza, tradición y maternidad. Los actos que se suceden en todos los pueblos el día principal son generalmente la procesión, misa, baile, y “la tajada”, que es el convite ofrecido a los invitados.
En Zamarramala, estos actos se acompañan de otros muchos, algunos de ellos agregados o modificados con el paso del tiempo. Es el caso del pregón, o de la “sentencia” y “quema del pelele”, que antiguamente se llamaba “pasear al Mono” y aunque era también un muñeco de paja, simbolizaba no solamente al hombre, sino al forastero que era burlado y ridiculizado. Actualmente el nombre que recibe varía según los lugares; así en Valseca y Bernuy, por ejemplo, le llaman “el perico”, en Zarzuela del Monte “el Payaso”, pero en la mayoría se le llama “el pelele”, que por ejemplo en El Cubillo no se llega a quemar.
Otro acto que se repite como ritual desde el pasado es “el peaje”, consistente en ir las alcaldesas y las aguederas hacia la salida del pueblo y solicitar “la voluntad” a todo transeúnte, turista y forastero que entre o salga de la localidad en coche o andando; también se suele “pedir por el pueblo”. Este era antiguamente el único medio de financiación de la fiesta y además simboliza el poder territorial que ejercen estas mujeres en este día. Durante el baile existía en algunos pueblos como Cantimpalos la costumbre de “bailar la jarra”, que consistía en que las aguederas bailaban alrededor de una jarra de vino hasta que se rompía o se quedaba seca. Esta fiesta es aún hoy y sin lugar a dudas, una de las manifestaciones folklóricas más importantes de toda la provincia de Segovia, repetida año tras año.
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